26 Dic

Dieta Sana según la OMS

Datos y cifras

  • Una dieta saludable ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer.
  • En todo el mundo, las dietas insalubres y la falta de actividad física están entre los principales factores de riesgo para la salud.
  • Los hábitos alimentarios sanos comienzan en los primeros años de vida; la lactancia materna favorece el crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo; además, puede proporcionar beneficios a largo plazo, entre ellos la reducción del riesgo de sobrepeso y obesidad y de enfermedades no transmisibles en etapas posteriores de la vida.
  • La ingesta calórica debe estar equilibrada con el gasto calórico. Para evitar un aumento malsano de peso, las grasas no deberían superar el 30% de la ingesta calórica total (1, 2, 3). 
  • La ingesta de grasas saturadas debería representar menos del 10% de la ingesta calórica total, y la ingesta de grasas trans, menos del 1%; para ello, el consumo de grasas se debería modificar a fin de reducir las grasas saturadas y trans, en favor de grasas no saturadas (3), con el objetivo final de suprimir las grasas trans producidas industrialmente (4, 5, 6).
  • Limitar el consumo de azúcar libre a menos del 10% de la ingesta calórica total (2, 7) forma parte de una dieta saludable. Para obtener mayores beneficios se recomienda reducir su consumo a menos del 5% de la ingesta calórica total (7).
  • Mantener el consumo de sal por debajo de 5 gramos diarios (equivalentes a menos de 2 g de sodio por día) ayuda a prevenir la hipertensión y reduce el riesgo de cardiopatías y accidente cerebrovascular entre la población adulta (8).
  • Los Estados Miembros de la OMS han acordado reducir el consumo de sal entre la población mundial en un 30% para 2025; también acordaron detener el aumento de la diabetes y la obesidad en adultos y adolescentes, así como en sobrepeso infantil de aquí a 2025 (9,10).

Panorama general

Llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como diferentes enfermedades no transmisibles y trastornos. Sin embargo, el aumento de la producción de alimentos procesados, la rápida urbanización y el cambio en los estilos de vida han dado lugar a un cambio en los hábitos alimentarios. Actualmente, las personas consumen más alimentos hipercalóricos, grasas, azúcares libres y sal/sodio; por otra parte, muchas personas no comen suficientes frutas, verduras y fibra dietética, como por ejemplo cereales integrales.

La composición exacta de una alimentación variada, equilibrada y saludable estará determinada por las características de cada persona (edad, sexo, hábitos de vida y grado de actividad física), el contexto cultural, los alimentos disponibles en el lugar y los hábitos alimentarios. No obstante, los principios básicos de la alimentación saludable siguen siendo los mismos.

Para los adultos

Una dieta sana incluye lo siguiente:

  • Frutas, verduras, legumbres (tales como lentejas y alubias), frutos secos y cereales integrales (por ejemplo, maíz, mijo, avena, trigo o arroz moreno no procesados).
  • Al menos 400 g (o sea, cinco porciones) de frutas y hortalizas al día (2), excepto papas, batatas, mandioca y otros tubérculos feculentos.
  • Menos del 10% de la ingesta calórica total de azúcares libres (2, 6), que equivale a 50 gramos (o unas 12 cucharaditas rasas) en el caso de una persona con un peso corporal saludable que consuma aproximadamente 2000 calorías al día, aunque para obtener beneficios de salud adicionales lo ideal sería un consumo inferior al 5% de la ingesta calórica total (6). Los azúcares libres son todos aquellos que los fabricantes, cocineros o consumidores añaden a los alimentos o las bebidas, así como los azúcares naturalmente presentes en la miel, los jarabes y los zumos y concentrados de frutas.
  • Menos del 30% de la ingesta calórica diaria procedente de grasas (1, 2, 3). Las grasas no saturadas (presentes en pescados, aguacates, frutos secos y en los aceites de girasol, soja, canola y oliva) son preferibles a las grasas saturadas (presentes en la carne grasa, la mantequilla, el aceite de palma y de coco, la nata, el queso, la mantequilla clarificada y la manteca de cerdo), y las grasas trans de todos los tipos, en particular las producidas industrialmente (presentes en pizzas congeladas, tartas, galletas, pasteles, obleas, aceites de cocina y pastas untables), y grasas trans de rumiantes (presentes en la carne y los productos lácteos de rumiantes tales como vacas, ovejas, cabras y camellos). Se sugirió reducir la ingesta de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta total de calorías, y la de grasas trans a menos del 1% (5). En particular, las grasas trans producidas industrialmente no forman parte de una dieta saludable y se deberían evitar (4,6).
  • Menos de 5 gramos (aproximadamente una cucharadita) al día (8). La sal debería ser yodada.

Para lactantes y niños pequeños

En los dos primeros años de la vida de un niño, una nutrición óptima impulsa un crecimiento sano y mejora el desarrollo cognitivo. Además, reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad y de enfermedades no transmisibles en el futuro. 

Los consejos para una alimentación saludable durante la lactancia y la niñez son los mismos que en el caso de los adultos, si bien los elementos que figuran a continuación también son importantes:

  • Debería alimentarse a los lactantes exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida.
  • La lactancia materna debe continuar al menos hasta los dos años.
  • A partir de los seis meses de edad, la lactancia materna se debería complementar con diferentes alimentos inocuos y nutritivos. En los alimentos complementarios no se debería añadir sal ni azúcares.

Consejos prácticos para mantener una alimentación saludable

Frutas, verduras y hortalizas

Comer al menos 400 g, o cinco porciones de frutas y verduras al día reduce el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles (2) y ayuda a garantizar una ingesta diaria suficiente de fibra dietética.

Para mejorar el consumo de frutas y verduras es recomendable:

  • incluir verduras en todas las comidas;
  • como tentempiés, comer frutas frescas y verduras crudas;
  • comer frutas y verduras frescas de temporada; y
  • comer una selección variada de frutas y verduras.

Grasas

Reducir el consumo total de grasa a menos del 30% de la ingesta calórica diaria contribuye a prevenir el aumento insalubre de peso entre la población adulta (1, 2, 3). 

Además, para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles es preciso: 

  • limitar el consumo de grasas saturadas a menos del 10% de la ingesta calórica diaria; 
  • limitar el consumo de grasas trans a menos del 1%; y
  • sustituir las grasas saturadas y las grasas trans por grasas no saturadas (2, 3), en particular grasas poliinsaturadas.

Para reducir la ingesta de grasas, especialmente las grasas saturadas y las grasas trans de producción industrial se puede:

  • cocinar al vapor o hervir, en vez de freír;
  • reemplazar la mantequilla, la manteca de cerdo y la mantequilla clarificada por aceites ricos en grasas poliinsaturadas, por ejemplo, los de soja, canola (colza), maíz, cártamo y girasol;
  • ingerir productos lácteos desnatados y carnes magras, o quitar la grasa visible de la carne; y
  • limitar el consumo de alimentos horneados o fritos, así como de aperitivos y alimentos envasados (por ejemplo, rosquillas, tortas, tartas, galletas, bizcochos y barquillos) que contengan grasas trans de producción industrial.

Sal, sodio y potasio

La mayoría de la gente consume demasiado sodio a través de la sal (una media de 9 g a 12 g de sal diarios) y no consume suficiente potasio (menos de 3,5 g). Un consumo elevado de sal e insuficiente de potasio contribuye a la hipertensión arterial que, a su vez, incrementa el riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular (8, 11).

La reducción de la ingesta de sal al nivel recomendado, esto es, menos de 5 gramos diarios, permitiría prevenir 1,7 millones de muertes cada año (12).

Las personas no suelen ser conscientes de la cantidad de sal que consumen. En muchos países, la mayor parte de la ingesta de sal se realiza a través de alimentos procesados (por ejemplo, platos preparados, carnes procesadas tales como tocino, jamón, salame; queso o tentempiés salados) o de alimentos que se consumen con frecuencia en grandes cantidades (por ejemplo, el pan). La sal también se añade a los alimentos cuando se cocinan (por ejemplo, caldos, concentrados de caldo de distinto tipo, salsa de soja y salsa de pescado) o en el lugar en que se los consume (por ejemplo, la sal de mesa).

Para reducir el consumo de sal se aconseja:

  • limitar la cantidad de sal y de condimentos ricos en sodio (por ejemplo, salsa de soja, salsa de pescado y caldo) al cocinar y preparar alimentos;
  • no poner sal o salsas ricas en sodio en la mesa; 
  • limitar el consumo de tentempiés salados; y 
  • escoger productos con menor contenido de sodio.

Algunos fabricantes de alimentos están reformulando sus recetas para reducir el contenido de sodio de sus productos; además, se debería alentar a los consumidores a leer las etiquetas de los alimentos para comprobar la cantidad de sodio que contiene un producto antes de comprarlo o consumirlo. 

La ingesta de potasio puede mitigar los efectos negativos de un consumo elevado de sodio en la presión arterial. La ingesta de potasio se puede incrementar mediante el consumo de frutas y verduras frescas.

Azúcares

Adultos y niños deberían reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 10% de la ingesta calórica total (2, 7). Una reducción a menos del 5% de la ingesta calórica total aportaría beneficios adicionales para la salud (7).

El consumo de azúcares libres aumenta el riesgo de caries dental. El exceso de calorías procedentes de alimentos y bebidas con un alto contenido en azúcares libres también contribuye al aumento insalubre de peso, que puede dar lugar a sobrepeso y obesidad. Pruebas científicas recientes revelan que los azúcares libres influyen en la tensión arterial y los lípidos séricos, y sugieren que una disminución de su ingesta reduce los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (13).

La ingesta de azúcar puede reducirse del modo siguiente:

  • limitar el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido de azúcares, por ejemplo, aperitivos y bebidas azucarados y golosinas (o sea, todos los tipos de bebidas que contienen azúcares libres, incluidos refrescos con o sin gas; zumos y bebidas de frutas o verduras; concentrados líquidos y en polvo; agua aromatizada; bebidas energéticas e isotónicas; té y café listos para beber; y bebidas lácteas aromatizadas ); y 
  • comer, como tentempiés, frutas y verduras crudas en vez de productos azucarados.

Cómo promover una alimentación sana

La alimentación evoluciona con el tiempo, y en ella influyen muchos factores socioeconómicos que interactúan de manera compleja y determinan modelos dietarios personales. Entre esos factores cabe mencionar los ingresos, los precios de los alimentos (que afectarán la disponibilidad y asequibilidad de alimentos saludables), las preferencias y creencias individuales, las tradiciones culturales, y los factores geográficos y ambientales (incluido el cambio climático). Por consiguiente, el fomento de un entorno alimentario saludable y, en particular, de sistemas alimentarios que promuevan una dieta diversificada, equilibrada y sana, requiere la participación de distintos sectores y partes interesadas, incluidos los gobiernos, el sector público y el sector privado.

Los gobiernos desempeñan un papel fundamental en la creación de un entorno alimentario saludable que permita a las personas adoptar y mantener prácticas alimentarias sanas. 

Las medidas que las instancias normativas pueden adoptar para generar entornos alimentarios saludables incluyen:

  • Armonización de las políticas y los planes de inversión nacionales, en particular las políticas comerciales, alimentarias y agrícolas, con el fin de promover la alimentación saludable y proteger la salud pública mediante medidas orientadas a:
  • aumentar los incentivos a los productores y vendedores minoristas para que cultiven, utilicen y vendan frutas y verduras frescas;
  • reducir los incentivos a la industria alimentaria que le permiten mantener o aumentar la producción de alimentos procesados con altos niveles de grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sal/sodio;
  • alentar la reformulación de productos alimentarios a fin de reducir los contenidos de grasas saturadas, grasas trans, azúcares libres y sal/sodio, con miras a suprimir las grasas trans de producción industrial;
  • aplicar las recomendaciones de la OMS sobre comercialización de alimentos y bebidas sin alcohol para niños;
  • establecer normas para fomentar prácticas alimentarias saludables mediante la disponibilidad asegurada de alimentos saludables, nutritivos, inocuos y asequibles en centros preescolares, escuelas y otras instituciones públicas, así como en el lugar de trabajo;
  • examinar instrumentos normativos y voluntarios (por ejemplo, reglamentos de comercialización y normas sobre etiquetado nutricional) e incentivos o desincentivos económicos (por ejemplo, tributación y subsidios) para promover una dieta saludable; y 
  • alentar a los servicios transnacionales, nacionales y locales de alimentos y sus puntos de venta, a mejorar la calidad nutricional de sus productos, asegurar la disponibilidad y asequibilidad de opciones saludables y revisar los tamaños y precios de las porciones.
  • Alentar a los consumidores a exigir alimentos y comidas saludables mediante medidas dirigidas a:
  • promover la sensibilización de los consumidores respecto de una dieta saludable;
  • desarrollar políticas y programas escolares que alienten a los niños a adoptar y mantener una dieta saludable;
  • impartir conocimientos sobre nutrición y prácticas alimentarias saludables a niños, adolescentes y adultos;
  • fomentar las aptitudes culinarias, incluso en los niños, a través de las escuelas;
  • prestar apoyo a la información en los puntos de venta, en particular a través del etiquetado nutricional que asegure información exacta, normalizada y comprensible sobre el contenido de nutrientes en los alimentos (en consonancia con las directrices de la Comisión del Codex Alimentarius), mediante el añadido de etiquetado frontal que facilite la comprensión del consumidor.
  • ofrecer asesoramiento nutricional y alimentario en los centros de atención primaria de salud.
  • Promover prácticas adecuadas para la alimentación del lactante y el niño pequeño mediante medidas destinadas a:
  • aplicar el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y las subsiguientes resoluciones pertinentes de la Asamblea Mundial de la Salud; 
  • aplicar políticas y prácticas que fomenten la protección de las madres trabajadoras; y
  • promover, proteger y apoyar la lactancia materna en los servicios de salud y la comunidad, incluso a través de la iniciativa «hospitales amigos del niño».

Respuesta de la OMS

La «Estrategia Mundial OMS sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud» (14) fue adoptada en 2004 por la Asamblea Mundial de la Salud.

En ella se hace un llamamiento a los gobiernos, la OMS, los asociados internacionales, el sector privado y la sociedad civil para que actúen a nivel mundial, regional y local con el fin de promover la alimentación sana y la actividad física.

En 2010, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una serie de recomendaciones sobre la promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigida a los niños (15). Esas recomendaciones orientan a los países a la hora de idear nuevas políticas y mejorar las que están vigentes, con el fin de reducir los efectos de la comercialización de alimentos insalubres en los niños. Además, ha desarrollado instrumentos específicos de cada región (por ejemplo, modelos de perfiles nutritivos regionales) que los países puedan utilizar para aplicar las recomendaciones sobre comercialización.

En 2012 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó un plan de aplicación integral sobre nutrición de la madre, el lactante y el niño pequeño, y seis metas mundiales que se deberán alcanzar para 2025, entre las que figuran la reducción del retraso en el crecimiento, la emaciación y el sobrepeso infantil, la mejora de la lactancia materna, y la reducción de la anemia y la insuficiencia ponderal del recién nacido (9). 

En 2013, la Asamblea Mundial de la Salud acordó nueve metas mundiales de aplicación voluntaria para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles. Esas metas se orientan a detener el aumento de la diabetes y la obesidad, y lograr una reducción relativa del 30% en la ingesta de sal, de aquí a 2025. El «Plan de acción mundial de la OMS para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020» (10) proporciona orientaciones y opciones normativas a los Estados Miembros, la OMS y otros organismos de las Naciones Unidas para alcanzar esas metas.

Habida cuenta del rápido aumento de la obesidad entre los lactantes y los niños de numerosos países, la OMS creó en mayo de 2014 una Comisión para acabar con la obesidad infantil.

  • 2016, la Comisión propuso un conjunto de recomendaciones para luchar eficazmente contra la obesidad en la infancia y la adolescencia, en diferentes contextos en todo el mundo (16).
  • noviembre de 2014, la OMS y la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) organizaron conjuntamente la segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición.
  • En la Conferencia se adoptó la Declaración de Roma sobre la Nutrición (17) y el Marco de Acción (18), que recomienda un conjunto de opciones normativas y estrategias para promover una alimentación variada, inocua y saludable en todas las etapas de la vida.

La OMS está ayudando a los países a cumplir los compromisos contraídos en esa Conferencia.

En mayo de 2018, la Asamblea de la Salud aprobó el 13.º Programa General de Trabajo (PGT), que orientará la labor de la OMS en 2019-2023 (19).

En el 13.º PGT, la reducción de la ingesta de sal/sodio y la supresión de las grasas trans de producción industrial en el suministro de alimentos se identifican como parte de las medidas prioritarias de la OMS dirigidas a alcanzar los objetivos de asegurar vidas sanas y promover el bienestar a todas las edades.

Con el fin de apoyar a los Estados Miembros en la adopción de las medidas necesarias para suprimir las grasas trans de producción industrial, la OMS desarrolló una hoja de ruta (conjunto de medidas REPLACE) para ayudar a los países a acelerar la aplicación de las medidas (6).


Referencias

(1) Hooper L, Abdelhamid A, Bunn D, Brown T, Summerbell CD, Skeaff CM. Effects of total fat intake on body weight. Cochrane Database Syst Rev. 2015; (8):CD011834.

(2) Diet, nutrition and the prevention of chronic diseases: report of a Joint WHO/FAO Expert Consultation. WHO Technical Report Series, No. 916. Geneva: World Health Organization; 2003.

(3) Fats and fatty acids in human nutrition: report of an expert consultation. FAO Food and Nutrition Paper 91. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations; 2010.

(4) Nishida C, Uauy R. WHO scientific update on health consequences of trans fatty acids: introduction. Eur J Clin Nutr. 2009; 63 Suppl 2:S1–4.

(5) Guidelines: Saturated fatty acid and trans-fatty acid intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2018 (Draft issued for public consultation in May 2018).

(6) REPLACE: An action package to eliminate industrially-produced trans-fatty acids. WHO/NMH/NHD/18.4. Geneva: World Health Organization; 2018.

(7) Guideline: Sugars intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2015.

(8) Guideline: Sodium intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2012.

(9) Comprehensive implementation plan on maternal, infant and young child nutrition. Geneva: World Health Organization; 2014.

(10) Global action plan for the prevention and control of NCDs 2013–2020. Geneva: World Health Organization; 2013.

(11) Guideline: Potassium intake for adults and children. Geneva: World Health Organization; 2012.

(12) Mozaffarian D, Fahimi S, Singh GM, Micha R, Khatibzadeh S, Engell RE et al. Global sodium consumption and death from cardiovascular causes. N Engl J Med. 2014; 371(7):624–34.

(13) Te Morenga LA, Howatson A, Jones RM, Mann J. Dietary sugars and cardiometabolic risk: systematic review and meta-analyses of randomized controlled trials of the effects on blood pressure and lipids. AJCN. 2014; 100(1): 65–79.

(14) Global strategy on diet, physical activity and health. Geneva: World Health Organization; 2004.

(15) Set of recommendations on the marketing of foods and non-alcoholic beverages to children. Geneva: World Health Organization; 2010.

(16) Report of the Commission on Ending Childhood Obesity. Geneva: World Health Organization; 2016.

(17) Rome Declaration on Nutrition. Second International Conference on Nutrition. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations/World Health Organization; 2014.

(18) Framework for Action. Second International Conference on Nutrition. Rome: Food and Agriculture Organization of the United Nations/World Health Organization; 2014.

(19) Thirteenth general programme of work, 2019–2023. Geneva: World Health Organization; 2018.

18 Sep

Disruptores endocrinos en el pescado

Un estudio del ICRA certifica que, por la cantidad de consumo de pescado consumido en España, nuestro país encabeza el ránking europeo de riesgo de exposición a disruptores endocrinos por este elevado consumo de pescado y marisco. Ello comporta un elevado riesgo sanitario…   

Debido a la actividad humana, una gran variedad de fármacos y otros contaminantes disruptores endocrinos (sustancias químicas capaces de alterar el equilibrio hormonal de los organismos de una especie) están presentes en el medio marino en bajas concentraciones. Y es posible que se produzca una transferencia de estos contaminantes desde el medio acuático a los organismos que viven en él.

Por ejemplo, pescado y marisco, que posteriormente se venden para consumo de la población. Estos compuestos pueden llegar a representar un riesgo para los consumidores dependiendo de los niveles existentes en las especies consumidas.

Por lo tanto, es de gran relevancia conocer en qué niveles están presentes en los pescados y mariscos que habitualmente son consumidos, así como saber cuál es el efecto del cocinado de estos productos alimenticios sobre los contaminantes acumulados.

Este es precisamente el objeto de estudio del último proyecto europeo en el que ha participado el Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA) denominado “Priority environmental contaminantes in seafood: safety assessment, impact and public perception” ( ECsafeSEAFOOD), cuyo objetivo principal era valorar la seguridad alimentaria de pescado y marisco a través del estudio de la presencia de contaminantes prioritarios y la evaluación de su impacto potencial en la salud humana.

Enmarcado en este proyecto se realizó el análisis de 65 muestras de pescado y marisco procedentes de 11 países europeos. Se seleccionaron 12 especies de elevado consumo: caballa, atún, bacalao, perca, panga, lenguado, dorada, platija, salmón, mejillón, gambas y cangrejo.

Y se midió la presencia y concentración de una lista de compuestos considerados prioritarios en muestras tanto crudas como cocinadas al vapor.

Posteriormente, se realizó una evaluación de la exposición humana y una caracterización del riesgo potencial para la salud a través del consumo de estos pescados y mariscos.

Los resultados obtenidos indicaron que los fármacos no estaban presentes a niveles detectables en la mayoría de las muestras, y se descartó por tanto un riesgo potencial para la salud humana por consumo de pescado.

Sin embargo, algunos disruptores endocrinos sí que estaban presentes en la gran mayoría de las muestras analizadas procedentes del mercado europeo.

Concretamente, el Bisphenol A, metilparaben y triclosano han sido detectados en pescado crudo a concentraciones que alcanzaron en peso húmedo hasta 36 ng / g de triclosano a platija, 27 ng / g de Bisphenol A en atún en conserva, y 4 ng / g de metilparaben en caballa.

Además, se ha observado un aumento significativo de la concentración de estos disruptores cuando las muestras crudas eran cocinadas al vapor.

Se seleccionaron 5 países europeos donde estas especies eran comercializadas y, basándose en datos previos de consumo de pescado y marisco en cada uno de estos países, se evaluó el riesgo potencial para la población.

Los resultados indicaron que España era el país con una mayor exposición a estos disruptores endocrinos, seguido de Portugal, Italia, Irlanda y Bélgica, debido principalmente al alto consumo de pescado y marisco.

La exposición principal es el Bisphenol A y en menor proporción al metilparabén y triclosano.

Fuente:  vidasana

12 Jul

Los doce alimentos que más sustancias tóxicas bioacumulan

“Tenemos que leer muy bien el etiquetado de los alimentos, porque muchas veces la industria de la alimentación nos engaña”, asegura el Doctor Francisco Vivancos, médico internista y digestivo del Hospital Virgen del Castillo de Yecla. Con estas palabras comenzó su conferencia titulada “¿Es la alimentación de nuestros días saludable?”, que ofreció el pasado 2 de junio, durante el “I Encuentro Yecla Mira al Futuro / ¿Qué agricultura queremos?”. Reproducimos un artículo de Bienvenida Morales para “elperiodicodeyecla.com” por su interesante información para nuestros lectores.

Hoy en día vivimos rodeados de comida, pero apenas sabemos cuál es su origen o cómo ha sido producida y procesada. En las etiquetas no se especifica todo lo que realmente contiene un producto, porque hay una parte de su composición que es invisible y puede pasar desapercibida, como son “pesticidas, plaguicidas, hormonas, dioxinas y metales pesados, que son sustancias tóxicas presentes en los alimentos procedentes de la agricultura industrial. Éstas se van bioacumulando en nuestro organismo para poder provocar enfermedades”, según explica el Dr. Vivancos.
“Los lácteos que no proceden de ganadería ecológica pueden contener estos productos que he mencionado concentrados. Esto se debe, principalmente, a que los animales de ganadería intensiva están comiendo continuamente piensos manipulados genéticamente y producidos de forma intensiva, junto a otras sustancias perjudiciales, que se almacenan en su grasa y pasan a nosotros cuando comemos su carne y bebemos su leche en estas condiciones”. Las autoridades toman precauciones en el caso de los peces contaminados con mercurio, por eso en época de embarazo y lactancia recomiendan no comerlos, porque es muy peligroso para la formación del sistema nervioso de los bebés y lactantes. Sin embargo, “no se toman las mismas medidas de precaución con las carnes”, comenta el médico internista.

LOS 12 DE LA LISTA NEGRA
De la Lista del EWG del 2016.
1.   Fresas
2.   Manzanas
3.   Nectarinas
4.   Melocotones
5.   Apio
6.   Uvas
7.   Cerezas
8.   Espinaca
9.   Patatas
10.   Pimiento morrón
11.   Tomates cherry
12.   Pepinos

Durante su exposición, el Dr. Vivancos destacó que “las patatas, las hojas verdes, los tomates y las frutas son los alimentos que más insecticidas bioacumulan. En el caso de las peras pueden contener hasta diez de estos productos para eliminar las plagas. Los frutos rojos, reconocidos por su valor antioxidante, pierden esta función en gran medida cuando son manipulados con estas sustancias”. El problema no sólo es la producción, sino también el procesamiento y almacenaje de los alimentos. “Nuestro organismo tiene tres poderes: el sistema nervioso, el sistema endocrino y el inmunológico. Cuando nuestro sistema neuroendocrino se desajusta es cuando empiezan una gran parte de problemas”,  según explicó el médico, que añadió: “Las hormonas pueden verse afectadas por una sustancia en cantidad de millonésimas de miligramo”.
“Por ejemplo, una bebida inocente de cola con cafeína metida en plástico y con doce cucharadas de azúcar por litro… nos puede acarrear una serie de problemas si la tomamos con frecuencia: obesidad, infertilidad, problemas cardíacos, osteoporosis, etc.”. En muchas ocasiones he escuchado a personas de mi entorno comentar que cuando uno es joven puede permitirse casi cualquier cosa, porque el cuerpo parece que resiste casi todo, y a partir de los treinta vienen los problemas y es cuando más hay que cuidarse. Según el Dr. Vivancos, es justo lo contrario y lo explica así: “Hasta los treinta años casi nadie se preocupa de la salud. A partir de ahí, lo que hayamos hecho antes es lo que en parte se va a expresar. Esto es un juego de genes, como jugar a los dados,  y en un momento determinado empiezan a expresarse las enfermedades, según el trato que haya recibido nuestro cuerpo”.

LOS AEROSOLES CONTAMINAN EL AIRE QUE RESPIRAMOS
Algo de lo que apenas se habla es de la aerosolización que observamos a diario en los campos, y según el médico: “El problema se agrava cuando se produce a escasos dos mil o tres mil metros de las poblaciones, contaminando el aire. Estas partículas se mantienen estables cuando viajan con el viento y, por tanto, están presentes en el aire que respiramos, ya que estas sustancias viven casi de forma permanente”.
También se da muchas veces la situación de que en un terreno están fumigando y en el de al lado están recolectando, de esta manera se saltan los plazos y márgenes de seguridad. Hoy en día, “los pesticidas se manipulan con mucha más facilidad de la que se debería y no hay vigilancia eficiente ni control suficiente en este sentido; cuando se sabe que la toxicidad aguda puede provocar problemas muy serios de salud”.“Un insecticida está diseñado para matar a seres que tienen un código genético con bastante semejanza  al nuestro, o por lo menos comparte la química. Estas sustancias producen disrupción hormonal. Cuando las ingerimos a las dosis permitidas, aunque sean niveles pequeñísimos, actúan seguro por bioacumulación.  Pueden haber toxicidad directa sobre el sistema nervioso, la médula ósea, el hígado, el aparato digestivo, la piel y los riñones”.

30 AÑOS DE CARRERA
A lo largo de su carrera profesional de más de treinta años ejerciendo la medicina, el Dr. Vivancos ha llegado a la conclusión de que la mayoría de las enfermedades comunes nos las estamos comiendo: “Van del huerto a la mesa y de la mesa al síndrome metabólico y a las enfermedades relacionadas con los tóxicos que se acumulan en nuestro cuerpo”. El doctor manifestó que su intención no es ser catastrofista sino simplemente crear conciencia: “Me veo en la obligación de hacer estas reflexiones en voz alta, por la autoridad que me da mi profesión y por los conocimientos que tengo. No me creo que esta sea la única sociedad posible, hay que apostar por otro estilo de vida, en la que abunden los alimentos de calidad, sostenibles y de cercanía”.
Y terminó con la siguiente reflexión: “El hombre moderno, con toda su tecnología y manipulación de sustancias, ha caído en su propia tela de araña, y difícilmente saldremos de ella. Pero la misión de las personas que nos damos cuenta de estas cosas es enseñar a los demás y alertar de los peligros que hay, así como de las alternativas saludables”.

26 May

La dieta mediterránea te protege de la contaminación

La dieta mediterránea te protege de la contaminación

Estudios previos han demostrado que los cambios en la dieta, particularmente la adición de antioxidantes, pueden contrarrestar los efectos adversos de la exposición a altos niveles de contaminación atmosférica en periodos cortos de tiempo –afirma Chris C. Lim, estudiante de doctorado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU), Estados Unidos–. Lo que no sabíamos es si la dieta puede influir en la asociación entre la exposición a la contaminación atmosférica a largo plazo y los efectos en la salud”.

Rica en antioxidantes, la dieta mediterránea favorece el consumo de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, aceites de oliva, pescado y aves de corral sobre la carne roja y los alimentos procesados. Los antioxidantes son moléculas que desarman moléculas oxidadas y altamente reactivas, o radicales libres, que se sabe que causan daño celular y tisular.

La dieta mediterránea te protege de la contaminación

Los científicos analizaron datos del Estudio de Dieta y Salud de la Asociación Estadounidense de Jubilados (AARP, por sus siglas en inglés) de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés) estadounidenses. Durante 17 años, el estudio siguió a 548.699 personas (con un promedio de edad de 62 años en la inscripción) de seis estados: California, Carolina del Norte, Nueva Jersey, Florida, Louisiana y Pensilvania, y dos ciudades: Atlanta y Detroit. Durante ese tiempo, murieron 126.835 personas en el grupo de estudio.

Los científicos crearon cinco grupos de participantes en función de su nivel de adherencia a una dieta mediterránea y relacionaron a los participantes con las estimaciones de exposición a largo plazo a partículas finas (PM2.5), óxido nitroso (NO2) y ozono (O3) según la información del censo.

Al comparar a los menos y más se adhirieron a una dieta mediterránea, el estudio encontró que las muertes por todas las causas aumentaron en un 5 por ciento por cada 10 partes por mil millones (ppb) de aumento en la exposición promedio al NO2 a largo plazo en los menos adherentes, en comparación con el 2 por ciento entre los que más se adhirieron.

Contención de las muertes por enfermedades cardiovasculares

Las muertes por enfermedades cardiovasculares subieron en un 17 por ciento por cada 10 microgramos por metro cúbico (microgramo/m3) de aumento en la exposición promedio a largo plazo de PM2.5 en los que menos siguieron la dieta mediterránea, en comparación con el 5 por ciento entre los que más se adhirieron a esta alimentación. Las muertes por enfermedades cardiovasculares aumentaron un 10 por ciento por cada aumento de 10 ppb en NO2 de exposición en los que menos se adhirieron frente al 2 por ciento entre los que más siguieron esta dieta.

Las muertes por ataque cardiaco crecieron un 20 por ciento por cada aumento de 10 microgramos/m3 en la exposición a PM2.5 en los menos adherentes versus al 5 por ciento entre los más adherentes. Las muertes por ataque cardiaco subieron en un 12 por ciento por cada aumento de ppb en la exposición al NO2 en los menos adherentes, en comparación con el 4 por ciento entre los más adherentes.

Sin embargo, la adherencia a la dieta mediterránea no pareció proteger de los efectos nocivos de la exposición prolongada al O3. La dieta no redujo las muertes por todas las causas, ataque cardiaco u otras enfermedades cardiovasculares asociadas con la exposición al O3.

“Teniendo en cuenta los beneficios que encontramos de una dieta alta en antioxidantes, nuestros resultados son consistentes con la hipótesis de que la contaminación del aire de partículas causada por la combustión de combustibles fósiles afecta negativamente a la salud al inducir el estrés oxidativo y la inflamación”, dice el autor principal del estudio, George Thurston, director del Programa de Evaluación de la Exposición y Efectos de la Salud Humana en el Departamento de Medicina Ambiental de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU).

Y añade: “Por otro lado, el efecto del ozono no se atenuó significativamente con una dieta mediterránea, por lo que el ozono aparentemente afecta a la salud cardiaca a través de un mecanismo diferente”.

Con alrededor de un cuarto de la población de estudio que vivía donde los niveles de contaminación atmosférica eran 10 microg/m3 o más por encima de la exposición más baja, subraya, “la adopción de una dieta mediterránea tiene el potencial de reducir los efectos de la contaminación atmosférica en la población en Estados Unidos”.

Las limitaciones del estudio incluyen solo tener información dietética desde el momento en que los participantes se inscribieron en el estudio y que en el análisis participó un porcentaje más alto de estadounidenses blancos y con elevados niveles de estudio que los que están representados en la población de Estados Unidos en general.

16 May

Diez mandamientos para tener el vientre plano todo el año

La Operación Bikini debería sustituirse, según los expertos, por un reto para todos los días

El verano está a la vuelta de la esquina y muy pronto llegará el momento de volver a usar la ropa que deja a la vista los excesos del año anterior.
Para poner el cuerpo a tono para la primavera, aquí exponemos diez recomendaciones de los expertos para mantener el abdomen plano durante todo el año.
1. Evitar las bebidas carbonatadas. Las bebidas con gas, incluso cuando no contienen azúcar ni calorías, son causantes de la inflamación del vientre y de la acumulación de aire en la zona abdominal.
2. Menos chicle. El chicle, aunque no se ingiera ni tenga azúcar, es un enemigo del abdomen plano. Al masticarlo, el cuerpo ingiere aire, lo que causa la hinchazón del estómago y mucha sensación de incomodidad.
3. No usar pajitas. Al igual que masticar chicle, usar pajitas para beber hace que el cuerpo se hinche e ingiera una gran cantidad de aire junto con el líquido.
4. Nada de edulcorantes. La mayoría de los edulcorantes que se usan para sustituir al azúcar en bebidas, dulces y postres son muy difíciles de digerir. Por eso, estas sustancias son algunas de las principales causantes de la mala digestión y la hinchazón del abdomen.
5. Más frutas y menos batidos. En todos los planes de nutrición se recomienda tomar al menos cinco piezas de fruta al día, pero se debe tomar en cuenta que las frutas así como son ricas en fibra, también contienen azúcares. Por eso, al tomar batidos de frutas la fibra se destruye y lo que queda es la glucosa.
6. Cuidado con algunas ensaladas. Algunos ingredientes que son comúnmente usados en platos saludables pueden hinchar el vientre: coliflor, brócoli, frijoles o alubias, entre otros.
7. Hacer amistad con la fibra. La fibra es muy importante para mantener el sistema digestivo activo, así que no puede faltar en una dieta saludable.
8. Comer más lento. En la guerra contra acumular aire en el estómago, un hábito que se debe adoptar es el de comer más lento, masticar bien la comida y no engullir los alimentos. Esto da sensación de saciedad y evitas comer de más.
9. Tomar mucha agua. Una cantidad suficiente de agua al día asegura un funcionamiento adecuado del sistema digestivo y evita la retención de líquidos que se acumulan en el abdomen. Los nutricionistas recomiendan ingerir al menos dos litros de agua al día.
10. Caminar, correr o pedalear. Para evitar que el metabolismo se vuelva más lento es importante mantener la actividad física diaria. Lo ideal es hacer alguna actividad que acelere el ritmo cardiaco y estimule la quema de grasa durante, al menos 30 minutos al día.

08 Abr

NUTRICIÓN SIMBIÓTICA: RECUPERAR Y MANTENER LA SALUD A TRAVÉS DE LOS ALIMENTOS FERMENTADOS

Nos alimentamos de luz, aire, agua, energía, información… y también de comida. Comemos para nutrirnos. Somos lo que comemos, y somos lo que nuestra microbiota intestinal asimila de la comida que comemos. La comida es el principal factor que influye en la salud de nuestro cuerpo. Y la asimilación de esa comida la realiza nuestra microbiota intestinal, que suele estar en desequilibrio por la constante agresión ambiental y los alimentos tóxicos que ingerimos. La Nutrición Simbiótica viene a recordarnos esto y a buscar reequilibrar nuestra microbiota intestinal a través de la alimentación, para que de manera natural podamos recuperar el equilibrio y la salud.

Tenemos un cuerpo visible, pero también somos el conjunto de colectivos microbianos invisibles que nos pueblan, nos diseñan, nos complementan y nos ayudan a evolucionar para adaptarnos a los continuos cambios que el medio nos demanda. No hay separación entre lo humano y lo microbiano, entre el macrocosmos y el microcosmos. Somos una unidad. Las bacterias pueblan nuestras células y órganos complementando las funciones metabólicas para mantener el equilibrio en nuestro cuerpo. Los virus actúan reprogramando el ADN de las células y las bacterias para adaptarnos constantemente a los cambios del medio.

LOS ANTIBIÓTICOS (ANTIVIDA) Y LOS PRODUCTOS DE LIMPIEZA TÓXICOS Y BACTERICIDAS QUE USAMOS PARA MANTENERNOS LIMPIOS SON ARSENALES BÉLICOS

La Microbiótica es una nueva corriente científica que estudia la evolución de la vida visible en su relación con el microcosmos invisible. Su aplicación a la salud se realiza a través de la Nutrición Simbiótica, que también es un nuevo sistema alimentario, en el cual se busca el equilibrio de la dieta con el doble enfoque de nutrir al metabolismo celular humano y a la microbiota que nos habita. No existe el término Microbiótica en el diccionario de la Real Academia, ni en otros referentes lingüísticos de la lengua castellana. A veces se translitera al castellano del inglés (microbiotic) y “microbiótica” se usa como un sinónimo de microbiota o conjunto de microorganismos que habitan en un ser vivo. Nosotros reivindicamos este término para ampliar su concepto y que abarque tanto el estudio de la microbiota de un ecosistema determinado, así como la corrección de los desequilibrios en dicho ecosistema a través de la implementación de microorganismos regeneradores. Es una visión global e interdisciplinaria que interconecta con amor y gratitud el microcosmos con el macrocosmos de la vida sobre la Tierra.

SOMOS MÁS BACTERIAS Y VIRUS QUE CÉLULAS HUMANAS

Hemos de tomar conciencia de que somos más bacterias que humanos. Es más, somos bacterias incluso en nuestras propias células y neuronas. Nuestras emociones y pensamientos provienen de un “campo” de conciencia global que se focaliza en los intestinos (emociones) o en el cerebro (pensamientos). Así lo corroboran las investigaciones que demuestran como las mitocondrias celulares (que generan la energía de la célula) o las dentritas neuronales provienen de bacterias ancestrales procariotas que en algún momento de la evolución decidieron integrarse en un organismo más complejo como es la célula.

No somos los reyes de la creación. Más bien podemos vernos como una especie de reciente aparición, que cumple la función de ser soporte de la vida microbiana, que nos acompaña en mutua interdependencia: en simbiosis. Sin embargo, olvidamos este hecho fundamental, que nos daría otra perspectiva de nuestro sentido en la vida. La ciencia se ha encargado de que el mundo microbiano sea totalmente ignorado. Peor aún, hay tal grado de bacterofobia en el ámbito científico, médico y social, que hemos creado un mundo antibacteriano en el que los antibióticos (antivida) y los productos de limpieza tóxicos y bactericidas que usamos para mantenernos limpios son arsenales bélicos de los que nos sentimos orgullosos.

Recientemente se están empezando a poner de moda los probióticos (provida); pero en gran medida es un impulso mediático malinterpretado por la industria alimentaria. En muchos casos se ha demostrado que estas supuestas cualidades probióticas de algunos alimentos obedecían a una publicidad engañosa para vender más un yogurt o una bebida. Y es que un alimento que parte de la base de estar pasteurizado o irradiado, nunca puede contener los probióticos que nos beneficien. Pero poco a poco el río suena y el agua llega. Así esperamos que la sociedad y los ciudadanos se vayan concienciando de la importancia de las bacterias regeneradoras y cambien su visión paranoica hacia otra más integradora y amorosa.

LA NUTRICIÓN SIMBIÓTICA ESTUDIA LA INTERACCIÓN DE LA MICROBIOTA INTESTINAL, LA DIETA Y SU RELACIÓN CON EL CEREBRO Y LAS EMOCIONES

Hemos de tomar conciencia de que existen diez microbios por cada célula de nuestro cuerpo y el 98% de todos ellos están en el intestino. Si el ADN de nuestras células (el genoma) está formado por 23.000 genes, el ADN de todos nuestros microbios (el microbioma) está formado por más de 2.500.000 genes. La microbiota intestinal es el último órgano descubierto por la medicina y el único que no es humano. Está compuesto por más de 100 billones de hongos, levaduras, bacterias e infinidad de pequeños seres con vida libre, que en total suman miles de especies muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia. Este conjunto de microorganismos se comporta como un solo ser a la hora de interactuar con nuestro organismo y cumple múltiples funciones:

➝ Generar la base del sistema inmunológico.

➝ Asimilar los nutrientes de los alimentos que ingerimos.

➝ Eliminar las sustancias tóxicas y residuos químicos que llegan a nuestro intestino.

➝ Controlar a los microbios patógenos cuando proliferan en exceso.

➝ Fabricar gran parte de los neurotransmisores que luego viajarán al cerebro y a todo el cuerpo a través de la sangre.

El Dr. Michael Gershon, al definir el intestino, fue el primero en hablar del “Segundo Cerebro”. En la dinámica intestinal se genera más del 95% de la serotonina, el 50% de la dopamina y al menos otros 30 neurotransmisores más. La Nutrición Simbiótica estudia la interacción de la microbiota intestinal, la dieta y su relación con el cerebro y las emociones. Gran parte de las enfermedades psíquicas como depresión, ansiedad, autismo o Trastorno del Déficit de Atención (TDAH) provienen todas de una única causa en común: una inflamación intestinal crónica debido a la mala alimentación y el desequilibrio de la microbiota intestinal.

Especialmente pionera y reconocida en este área ha sido la Dra. Natasha Campbell–Mc- Bride y su método GAPspara tratar en concreto a niños autistas, así como al resto de las patologías descritas. Debido a la contaminación ambiental y de los alimentos, así como a la dieta basura que cada vez es más común en nuestra sociedad, la mayoría de las personas sufren de una inflamación intestinal generalizada de la cual provienen una gran parte de las enfermedades que nos asolan: obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, degenerativas y autoinmunes.

En todos los casos hay un denominador común: el deterioro de la microbiota intestinal regeneradora y la proliferación de microbios patógenos en nuestro intestino. No olvidemos que la microbiota intestinal se comporta como un solo órgano y el lenguaje emocional que nosotros asociamos a nuestra conciencia sensorial humana también es compartido y generado por dicha microbiota. Por eso, el estrés y los disgustos causan graves trastornos a los microorganismos regeneradores de nuestro intestino.

El estrés y los disgustos causan graves trastornos a los microorganismos regeneradores de nuestro intestino 

LA NUTRICIÓN SIMBIÓTICA ABARCA NUESTRA RELACIÓN CON LA COMIDA Y EL MEDIO AMBIENTE

De entre todos los vectores que existen para mantener la salud (luz, aire, agua, emociones, pensamientos, ejercicio físico, descanso, sueño, actividad laboral, creencias, herencia genética, factores ambientales…) la comida es el elemento más importante que nos influye positiva o negativamente. En solo dos meses cambiamos todo el plasma sanguíneo. Y la alimentación es la fuerza externa más poderosa que existe para modificar la cualidad de nuestra sangre. Debido al deterioro ambiental, los contaminantes químicos y la pérdida de nutrientes en los alimentos por su cultivo y procesamiento industrial, todos los seres humanos estamos sufriendo un estrés oxidativo alarmante. Todos tenemos un déficit crónico de micronutrientes antioxidantes (vitaminas, enzimas, minerales…). También sufrimos una reducción de microfauna y flora bacteriana intestinal, debida a los factores contaminantes externos e internos que nos rodean e ingerimos.

La simbiosis es la colaboración entre dos o más seres para sobrevivir. Es la principal fuerza de la evolución en la vida, por encima de la competencia o la lucha por la supervivencia. La Nutrición Simbiótica contempla el alimento desde la doble perspectiva de nutrir el cuerpo humano y el cuerpo microbiano que a la vez somos y tenemos. Es prioritario aumentar la vitalidad de nuestras células y de nuestro estado de ánimo, aumentando los micronutrientes de nuestra dieta y regenerando nuestra microbiota intestinal. Para ello, el aporte que nos brindan las tecnologías de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo. Los alimentos simbióticos tienen la doble habilidad de ser una gran fuente de antioxidantes en sí mismos y de favorecer la capacidad del cuerpo y sus microorganismos de producir escalarmente reacciones bioquímicas que generan continuas emanaciones de sustancias antioxidantes.

LOS ALIMENTOS SIMBIÓTICOS SON EL FUTURO

Cuando hablamos de Nutrición Simbiótica nos referimos al adecuado equilibrio en nuestra dieta entre alimentos prebióticos (fibras que no nos aportan nutrientes pero que refuerzan la microbiota intestinal) y los alimentos probióticos (alimentos fermentados que llevan microorganismos similares a los que habitan en nuestro intestino). Esta integración de alimentos fermentados (probióticos) con las fibras de algunas frutas, verduras y cereales (prebióticos) nos permite restaurar el equilibrio de nuestra microbiota intestinal y finalmente de nuestra salud.

La Nutrición Simbiótica es una nueva disciplina dietética que se torna imprescindible para solucionar los problemas de salud derivados de la alimentación moderna. El aporte que nos brindan los alimentos prebióticos y probióticos de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo. En los países donde existe la costumbre de tomar alimentos fermentados, casi no existen las enfermedades endémicas (cáncer, autoinmunes, diabetes, obesidad…) que caracterizan a nuestra sociedad occidental.

 Apenas hay tradición en nuestra sociedad de tomar alimentos (comidas y bebidas) fermentados de manera consciente, por eso últimamente proliferan los probióticos de farmacia y herbolario en cápsulas que ingerimos como si fueran un medicamento más. Pero esa manera de enriquecer nuestra microbiota regenerativa no es la más adecuada; puesto que dichas bacterias probióticas suelen ser cultivadas de manera artificial en laboratorio, liofilizadas y encapsuladas, de tal forma que cuando llegan a nuestro intestino se despliegan de una manera extraña, sin generar la mejor de las sinergias. En unas aceitunas aderezadas naturalmente o en una cucharada de chukrut, kimchi o en un vaso de kombucha hay muchos más microorganismos vivos y en resonancia vital con nuestra microbiota interior, que en las cápsulas probióticas que se comercializan en el mercado. Además, estos alimentos fermentados son mucho más baratos e incluso los podemos fabricar nosotros mismos.

Dentro de la Nutrición Simbiótica se le concede una gran importancia a los alimentos fermentados. Las tecnologías de la fermentación de los alimentos han acompañado a la humanidad probablemente desde hace miles de años. En su momento y poco a poco, en todos los rincones del mundo, la humanidad fue encontrando adaptaciones para mejorar el valor nutricional de algunos alimentos y alargar a la vez su conservación; utilizando microorganismos regeneradores que detenían el proceso de putrefacción y transformaban los alimentos originales en otros mucho más sabrosos y valiosos nutricionalmente. Así aparecieron la cerveza, el miso, los quesos, el café, el chocolate, el yogurt, el kéfir, la kombucha, el chucrut, el kimchi, el tempeh, etc.

Si queremos recuperar la autonomía de nuestra salud, hemos de asumir la responsabilidad de discernir y elegir los hábitos que nos benefician y desterrar aquellos que nos perjudican, pensando no solo en nuestro cuerpo humano sino también en la dimensión microbiana que somos. A través de la alimentación nos enfermamos y nos sanamos. Somos lo que comemos, pero también somos lo que asimilamos y lo que evacuamos. Una gran parte de nuestro equilibrio se lo debemos a los microorganismos que nos habitan, especialmente en el intestino. Y para ayudarnos a limpiar el tubo digestivo de tanta basura acumulada y regenerar la microbiota que lo coloniza hemos de incorporar nuevos hábitos alimenticios. En la Nutrición Simbiótica se preconiza una dieta donde habitualmente tomamos unos pocos alimentos fermentados sólidos y líquidos, que podemos preparar nosotros mismos. Los resultados llegarán poco a poco a sorprendernos.

La Nutrición Simbiótica está rescatando tecnologías tradicionales de la fermentación alimentaria para potenciarlas con nuevas adaptaciones más eficaces e intensas en sus efectos nutricionales: nuevos superalimentos, elixires revitalizantes, fitoterapia fermentativa y un largo etcétera, tal como podemos comprobar en nuestro laboratorio o en los talleres que impartimos.

Auguramos un despertar de las tecnologías de la fermentación, para ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y dotarnos de instrumentos para aumentar la autonomía de nuestra salud a través de la alimentación. Por un lado, los alimentos fermentados se están poniendo de moda, empezando por la alta gastronomía y siguiendo por la industria de la alimentación sana y las tendencias “bio” que nos llegan de Estados Unidos y los países del norte europeo. Por otro lado, igualmente los probióticos están recibiendo cada vez más atención de las multinacionales farmacéuticas y los laboratorios de complementos nutricionales. Y se prevé un gran boom de toda esta tendencia, al encontrarse los antibióticos en crisis por la resistencia cada vez mayor que las bacterias y gérmenes tienen frente a ellos.

Parece que nuestro pronóstico en el año 2014 en la introducción del libro Microbiótica se va cumpliendo: la fuerza de la Nutrición Simbiótica llegará a tocar la alta gastronomía al igual que la medicina o las técnicas de la construcción de hábitat sostenibles. Una revolución nos espera, nos está llegando, para sanar la Tierra y el ser humano.

Te animamos a que pases a la acción: conviértete en un productor- consumidor de alimentos fermentados. Recupera el gran poder olvidado de generar tu propia comida con tus manos. Fermenta tu vida y cocina tu salud, para que la alegría de estar vivo impregne tu día a día. Seamos levaduras y bacterias que esporulan en nuestra sociedad, regenerando nuestro entorno y nuestro interior. Todo un mundo nuevo y desconocido a nuestro alcance.

Fuente: vivosano.org

07 Mar

No se puede adelgazar si tu cuerpo no tiene “permiso” para usar la grasa como combustible

Según el médico especialista en biología y antienvejecimiento, el doctor Peraita, «el cerebro prefiere la grasa para generar energía antes que la glucosa»

La mayor parte de la gente con sobrepeso sufre un proceso inflamatorio conocido como «inflamacion de bajo grado», causa fundamental por la que hoy en día se padecen las enfermedades crónicas del adulto. «Esta inflamación va acompañada de un freno del metabolismo conocido como resistenceia a insulina y leptina —explica apunta Miguel Ángel Peraita, médico especialista en biología y antienvejecimiento—. Esto genera que el organismo no sea capaz de utilizar la grasa como energía, solo como almacén para defenderse y sobrevivir».

Los principales detonantes de esa inflamación son el sedentarismo, el consumo de azúcar y edulcorantes. Los azúcares están concentrados de forma mayoritaria en harinas, dulces, pastas, tubérculos, semillas, pan, siropes de fructosa e, incluso, fruta.

Explica que también está muy presente como aditivo en muchos alimentos. «Es habitual que se mezclen el sabor dulce y salado, lo que hace que el producto resulte más apetitoso y enganche de tal forma que no se pueda dejar de comer y genere adicción. Basta con darle a un niño, o a un adulto, unas galletas compradas en un supermercado y observar cómo se puede llegar a comer el paquete entero, casi sin pestañear. Sin embargo, si se le ofrecen unas galletas de herbolario, seguro que comerá unas pocas y no insistirá con el mismo ímpetu en que se las compren como si se tratara de las del supermercado convencional».

«Tras tres días de eliminar por completo el azúcar y los edulcorantes es fácil no volver a acordarse de ellos ni necesitarlos»

Añade otro ejemplo con un gesto muy habitual entre los españoles: el café. «Si consumo café con azúcar, le da un sabor dulce de 10. Si, en vez de azúcar, le añado edulcorante, el sabor dulce es de cien. ¿Y qué ocurre, entonces? Que la información que le manda la boca al cerebro al recibir este dulzor hace que éste perciba el mensaje de que el individuo ha consumido una cantidad como si de un kilo y medio de miel se tratara. Ante esto, el cerebro da la orden al organismo de no quemar la grasa corporal porque ya se supone que tiene la energía que proviene de la miel, pero, al ir a buscarla, no la encontrará, ya que el edulcorante solo proporciona el sabor, no el combustible. Este hecho hace que el cerebro tenga mayor ansiedad por lograrlo e incremente la sensación de apetito».

El doctor Peraita asegura que a su consulta llegan muchos pacientes que confiesan sentir mucha ansiedad por comer, «y es porque han picado este anzuelo». «Sin duda, es preferible tomar azúcar a engañar al cuerpo con edulcorantes». De todos modos, asegura que tras tres días de eliminar por completo el azúcar y los edulcorantes «es fácil no volver a acordarse de ellos ni necesitarlos».

Añade que una molécula de glucosa proporciona 36 moléculas de energía, y una de grasa, 120 moléculas de energía. «El cerebro prefiere la grasa como combustible antes que la glucosa. Si el organismo aprende a usar la grasa como combustible habitual, el cerebro estará más despierto, con más energía… y más delgado».

Lo mejor, según señala, para acostumbrar a que el cuerpo use la grasa como combustible «llevar una alimentación adecuada y moderar el consumo de azúcar en la dieta. Solo después de realizar ejercicio es recomendable su consumo para una correcta recuperación del organismo. También hay suplementos naturales que favorecen que el cuerpo utilice la grasa como combustible y se adelgace», concluye.

 

24 Feb

La gurú del magnesio: rechazó los corticoides y vive muy bien a los 92 años

chocolate amargo y los frutos secos

El chocolate amargo y los frutos secos son una gran fuente de magnesio que reduce el estrés y la fatiga

Ana María Lajusticia es española, salvó su vida gracias al consumo de este mineral y se convirtió en su principal promotora; Cuenta por qué y cómo, todos deberíamos seguir sus pasos

Tenía 31 años cuando una temprana artrosis la obligó a llevar un corsé ortopédico para paliar fuertísimos dolores de espalda. Sus médicos la trataron con la “receta clásica”: corticoides. Por su ingesta durante años y por una mala alimentación desarrolló diabetes, pese a no tener antecedentes familiares. Tenía 43 años y dijo basta.

Ana María Lajusticia comenzó entonces a estudiar por su cuenta la composición de los alimentos, aprovechándose de su carrera: licenciatura en Ciencias Químicas. Y vio la luz al descubrir las posibilidades del magnesio. Tras consumir este mineral a través de comidas y suplementos abandonó el corsé y mantuvo a raya su diabetes.

Habrá que creer en sus beneficios porque esta química española no solo ha logrado eso, sino que a sus 92 años tiene una asombrosa vitalidad. Lleva escritos nueve libros, algunos traducidos al francés y alemán, y creó su propia línea de suplementos.

Ana Maria Lajusticia

A los 92 años, la química Ana María Lajusticia mantiene intacta su vitalidad

Se ve muy activa y vital, ¿cuál es su fórmula?

Lo atribuyo al haber cuidado mi alimentación a partir de los 50 años, que es cuando tuve todo el conocimiento de qué alimentos podían perjudicar mi metabolismo. Empecé a tener cuidado con los hidratos de carbono, con las grasas saturadas y con los alimentos ricos en colesterol. Y presté muchísima atención a la cantidad de calcio que tomaba porque de sus compuestos solo el cloruro es beneficioso; todos los demás endurecen y estrechan los vasos sanguíneos, lo que afecta la irrigación del cerebro y el corazón.

De graduarse en Ciencias Químicas a interesarse por la nutrición. ¿Qué la llevó al cambio?

Cambié cuando me diagnosticaron diabetes. Fue una sorpresa porque en mi familia no había antecedentes. Ahí pensé: “Tú eres química, estudia los alimentos”.

¿Por qué se focalizó en el magnesio?

Cuando comencé a trabajar sobre estos temas, una hija mía me recomendó leer el libro Virtudes curativas del magnesio, del padre Ignacio Puig. Allí se afirmaba que el abono químico utilizado para la tierra lleva nitrógeno, fósforo y potasio, pero no magnesio. Esto no era así 80 años atrás, cuando se solía abonar con estiércol, ya que las heces animales contenían magnesio. Por tanto, tenemos un déficit en relación a aquellas generaciones. Entonces, comencé a tomarlo aparte. Con ese suplemento -más el cambio de alimentación que había iniciado siete años antes-, se me fueron los calambres, arritmias y taquicardias. Y ya no me levantaba cansada. Seguí tomándolo y en tres años pude quitarme el corsé. Se lo empecé a explicar a médicos conocidos pero ninguno me hizo caso. Ahí fue cuando pensé que si en Bioquímica se sabía el papel que juega este elemento en nuestro metabolismo, yo podría explicarlo con rigor científico.

¿Cómo son sus desayunos, almuerzos y cenas?

Durante 40 años mi desayuno fue una naranja, un huevo frito con una feta de jamón de York (jamón cocido), unos 50 gramos de pan integral y una taza de café con leche. Cuando comencé a hacer vida sedentaria, cambié el huevo por comprimidos de colágeno con magnesio. En el almuerzo suelo comer ensaladas o legumbres; luego carne para tener proteínas y una fruta, que suele ser una naranja. La cena siempre es a base de verduras, ensaladas o gazpacho(especie de sopa de tomate fría), pescado fresco y, para finalizar, otra naranja.

¿Comemos mal en la actualidad?

Sí, se come mal en general. Es muy corriente que el desayuno sea incompletoporque suele ser a base de café con leche, galletas, magdalenas, croissants (medialunas). A este tipo de desayuno le falta vitaminas, entre ellas la C, y también carece de proteínas. Esto se traduce en bajo rendimiento escolar y profesional. Como hoy sabemos que la vitamina C y los aminoácidos que obtenemos en la digestión de las proteínas solo están unas cinco horas en la sangre, tiene mucha importancia incluir alimentos de este tipo en las tres comidas principales. Las mujeres que quieren adelgazar tienden a cenar poco porque piensan que así van a reducir su peso, pero desconocen que el cuerpo no reserva proteínas; sí, hidratos de carbono y grasas. A eso hay que sumarle que es común que desayunen como he descripto antes. Este comportamiento es una de las causas -entre otras más- de que haya más artrosis en el género femenino que en el masculino.

¿Cómo podemos darnos cuenta de que nos falta magnesio?

Por algunos de sus síntomas: ansiedad, cansancio, calambres, contracturas, suspiros, bostezos, hipo, párpados que “bailan”, arritmias, taquicardias, sentir que las letras se mueven cuando estamos leyendo… Evidentemente todos podemos tener alguno de estos síntomas. Pero una buena medida es saber que en momentos de déficit nos dan unas ganas locas de comer chocolate.

¿Qué beneficios produce este mineral?

Muchos, ya que el magnesio interviene en al menos 320 procesos metabólicos. Ayuda a relajar brazos y piernas, mejora la irrigación de las arterias, disminuye el cansancio y la fatiga, contribuye a la síntesis de proteína y permite el funcionamiento normal del sistema nervioso, entre otras cosas.

¿Cuándo se descubrieron sus propiedades?

En la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando unos médicos franceses vieron que los heridos que estaban en balnearios de aguas ricas en magnesio se curaban antes, tenían menos infecciones y eran más optimistas. Empezaron a tenerlo en cuenta y a dar suplementos de magnesio a enfermos con muy buenos resultados, por lo que sacaron complementos de magnesio.

¿Cuáles son los alimentos que contienen más magnesio?

El chocolate negro, los frutos secos (almendras y nueces) y las semillas de soja. También hay mucho en las semillas que se siembran en suelos ricos en magnesio, como en el Rift africano, Japón, Cordillera de los Andes y en islas volcánicas de cualquier parte del mundo.

¿Es bueno para la prevención de problemas circulatorios?

Sin ninguna duda es clave en el caso de arritmias y taquicardias.

¿Nos ayuda a combatir el estrés?

El magnesio es imprescindible para formar la serotonina, que es un neurotransmisor y también la hormona que nos proporciona sosiego y bienestar, por eso la conocemos como la “hormona de la felicidad”.

¿Qué porcentaje de ingesta ideal de magnesio se suele cubrir con una alimentación “normal”?

Tomando cacao y semillas a diario nos acercamos a la cantidad ideal diaria recomendada por la OMS: 375 mg. Pero hay muchas personas, de todas las edades, que apenas sobrepasan los 200 mg diarios. Evidentemente, varía mucho según donde se viva y según lo que se coma.

El consumo de suplementos de magnesio, ¿tiene alguna contraindicación?

Solo en personas con problemas renales. No deberían tomarlo sin consultar a su médico.

¿Cuáles son las razones para que Japón sea un referente?

Durante los años 1980 la buena marcha de la economía les permitió añadir carne a su dieta, lo que modificó por ejemplo que la talla media de su ejército pasara de 1,71 a 1,78 m. Y que su nivel intelectual medio subiera de 102 a 111. Por otro lado, es destacable su gran longevidad (su esperanza de vida es 84 años y 87 años en el caso de las mujeres, según los últimos datos de la OMS, del 2015). Y se sabe que responde a que no comen nada de grasas saturadas y a que ingieren entre 600 a 800 miligramos diarios de magnesio.

Algunos médicos la cuestionaron. ¿Cómo enfrentó las críticas?

Como estaba segura de lo que decía, porque en realidad es Química, pensaba que el tiempo iba a poner a cada uno en su sitio. Lo que me da pena es que la gente no pueda resolver sus problemas de una forma tan sencilla y barata.

¿Qué proyectos tiene en mente?

Mi proyecto, o más bien mi deseo, es poder trabajar en esto hasta el día que me vaya.

29 Sep

La dieta de los calabreses para vivir 110 años: así comen los centenarios

El biólogo Valter Longo presenta un libro en el desgrana “los cinco pilares” para ser más longevo y envejecer menos: evitar la carne y el ayuno son fundamentales

Conviene mirar con atención a este hombre, porque dice que tiene el secreto de la longevidad. Está ahí, sentado en frente, casi hundido en un sofá y dando la espalda a una cristalera desde la que se adivina la Gran Vía de Madrid. Valter Longo (Génova, 1967) se conserva muy bien para los 50 años que tiene, así que en ese aspecto pasa un primer escrutinio sobre sus teorías para evitar el envejecimiento desgranadas en ‘La dieta de la longevidad. Comer bien para vivir sano hasta los 110 años’, editado por Grijalbo este mismo año.

Longo, que se marchó de joven a Estados Unidos con la idea de convertirse en una estrella del Rock’n’roll y acabó estudiando biología molecular, tiene dos argumentos principales para desmarcarse de los muchos gurús que prometen métodos infalibles para vivir mejor, ser más guapos y tener éxito en todas y cada una de las cosas que nos propongamos. Uno, que no gana dinero con sus libros. “Yo no veo ni un duro y creo que eso es una garantía de que no me mueve un interés que podrías ser legítimo. He perdido millones de dólares por esta actitud”, dice sin levantar demasiado la voz. La segunda reivindicación que se hace es que su método es “científico y está basado en la investigación, en los ensayos cínicos y epidemiológicos”.

Longo dice que hay que comer poca carne y ayunar. En realidad, dice bastantes más cosas, pero esas dos son las “fundamentales”. También concede que eso no es descubrir América porque ya lo hacen los pueblos de la tierra en los que se vive durante más años y que él lo único que ha hecho es observar su dieta y extraer “un denominador común”. Pero que nadie se equivoque: “Este no es un libro de dietas, sino el resultado de una carrera científica sobre el envejecimiento con el objeto de que la gente tenga una vida más larga y más saludable. El régimen es la manera más fácil de conseguirlo”.

Así que Longo ha estudiado a los centenarios habitantes de Calabria, Cerdeña y Okinawa y ha extraído aquellas cosas “que tienen todos esos lugares en común”. Obviamente, concede que hay unos factores genéticos “que no se pueden cambiar”. Pero que aunque “hay gente que está muy protegida de inicio, la mayoría no lo está y lo que hagan o coman va a determinar su longevidad. La dieta es el método más eficaz para cambiar la perspectiva a futuro de un individuo, sea un hombre un mono un ratón. Y esa dieta también modifica a los genes. Eso se observa con claridad en los estudios. Por ejemplo el factor de crecimiento es muy distinto si se consumen proteínas o no. En ese sentido, los alimentos funcionan como si fueran un fármaco”.

Cinco pilares

“Sobre los sitios en lo que la gente vive más lo que se come es más importante que el ambiente. Por ejemplo, en Nueva York sus habitantes son bastante longevos y sin embargo esperarías que los que viven en el campo o la naturaleza vivan más tiempo y eso no es así. Los datos científicos muestran que hay muchas diferencias entre las dietas ricas en proteínas y las que no. El cáncer, por ejemplo, tiene una incidencia del 75% más. Y la mortalidad en general también varía muy sustancialmente”, explica el hombre de manera pausada, sin mostrar particular emoción (lo que también puede deberse a que es su segundo día de entrevistas promocionales y es altamente probable que lleve contestando a las mismas cuestiones varias horas).

Longo tiene claro cuál es el mensaje que desea que quede claro: “Me baso en cinco pilares que reflejo en el libro pero he tenido en consideración otros estudios. Mi trabajo no está orientado a escribir libros. Mi objetivo es aumentar la longevidad siguiendo la idea de mi mentor en la universidad de UCLA. He trabajado siempre en esa línea. Pensé que ya sabíamos lo suficiente como para que estas recomendaciones se puedan mantener estables por los próximos 20 años”.

Su idea es la de que esta es “la” dieta definitiva, que no hay grandes motivos para pensar que pasará de moda, como tantas otras. Y eso, en mucha medida, porque está basada en un método de observación y estudio un poco más riguroso de lo habitual: “Dirijo dos laboratorios, uno en Los Angeles y otro en Milán. El de Italia es de cáncer. Y el de Estados Unidos de envejecimiento. Hacemos estudios clínicos en todas las partes del mundo. Quizá hagamos unos 20 ensayos de manera simultánea”.

“Por la proliferación de recomendaciones, a veces contradictorias, es precisamente por lo que empecé el libro, para advertir de que no se puede escuchar a cualquiera. Hay una selva de dietas pero hay que aplicar un criterio para discriminar. En estos asuntos se escucha a cualquiera, incluido el vecino de en frente. Muchas de estas dietas provienen de Médicos que quieren ganar dinero y rentabilizar el seguimiento a sus pacientes. Algunas de ellas tienen sus ventajas, pero la mayoría de ellas acaban por ser bastante contraproducentes porque son ricas en proteínas”, explica el biólogo italiano.

El ayuno, fundamental

En su opinión, “esa volatilidad de las dietas tienen que ver con que están pensadas solo para ganar dinero. Yo propongo una que está basada en 30 años de investigación en una universidad y en la que no se gana un duro. Lo que pretendo no es ganar dinero, sino proporcionar datos clínicos para que la gente se beneficie y viva mejor”, explica con su habitual mesura.

Una de las ideas fuerza, si no la más relevante de sus tesis es el ayuno. “Es una de las tradiciones más antiguas. No es un asunto peregrino que está de moda, sino algo basado en datos científicos. Los centenarios de los lugares que hemos estudiado lo hacen, aunque hemos modificado algunas cosas para hacerlo más eficaz”. Sobre este asunto, concede que le “sorprendieron los efectos regeneradores en las células madre derivados de no comer. Un sistema de reconstrucción de sistemas y órganos que no tenía en mente”.

25 Sep

Podemos controlar el envejecimiento; los genes son solo el 50%

Elizabeth Blackburn y Elissa Epel, dos investigadoras que demuestran que los telómeros son la base biológica que explica la conexión entre la mente y el cuerpo

¿Por qué dos personas nacidas en el mismo año se hacen mayores a un ritmo distinto? Los factores que pueden llevar a esta situación son múltiples, sin embargo, hay un indicador que ofrece datos fundamentales sobre nuestro estado de salud presente, así como su futuro deterioro. Tal instrumento de medida es la longitud de nuestros telómeros, que en esencia no son más que los extremos de nuestros cromosomas.

Dichas regiones de ADN juegan un papel fundamental tanto en el envejecimiento celular como en el crecimiento de los tumores. Elisabeth Blackburn fue una de las primeras bioquímicas que se dedicó a estudiarlos y sus hallazgos le llevaron a obtener el Premio Nobel de Medicina en el año 2009. Junto a la profesora de psiquiatría Elissa Epel, ha escrito un volumen con el que pretende echarle una mano a los lectores para conseguir una mayor longevidad: ‘La solución de los telómeros‘ (Editorial Aguilar). Con el fin de saber un poco más sobre sus descubrimientos y las recomendaciones derivadas de ellos, Blackburn y Epel responden a nuestras cuestiones a través de correo electrónico.

PREGUNTA. Frente a quienes defienden que el envejecimiento depende de nuestra herencia genética, están, por otro lado, los que aseguran que el proceso es la consecuencia de nuestros hábitos cotidianos. En su libro, ustedes afirman que las dos posturas tienen razón. ¿Cómo concilian los telómeros tales puntos de vista?

RESPUESTA. Los telómeros son un ejemplo perfecto de cómo nuestros cuerpos y nuestra salud celular están influidos al mismo tiempo por la herencia genética y las experiencias que vivimos (el ambiente en el que crecemos). Los genes juegan un papel del 50%, y el resto… bueno, está en nuestras manos. Tenemos más control sobre nuestro envejecimiento del que creemos. Nuestros comportamientos cotidianos son importantes. Pueden hacernos más longevos o provocarnos enfermedades y sufrimiento.

Los extremos de los cromosomas actúan como un arma de doble filo. Si son demasiado largos tenemos riesgo de desarrollar cáncer

Hay aspectos del ambiente físico y social que dañan los telómeros, como ciertos productos químicos (pesticidas, tintes para el cabello, plásticos, etc.) o la calidad de nuestras relaciones. Entre los ancianos, aquellos que gozan de un buen apoyo social tienden a poseer telómeros más largos. Si tenemos, sin embargo, múltiples vínculos que nos causan malestar eso puede generar el efecto contrario y que los telómeros se acorten. Es fundamental que nos rodeemos de personas que nos hagan sentir bien y que creen a nuestro alrededor un ambiente afectivo positivo. Esto debería ocurrir en todos los ámbitos: en el trabajo, en casa… Es especialmente importante para los niños. Por la etapa de la vida en la que se encuentran son muy permeables, es decir, se ven afectados de manera más profunda por los ambientes negativos, en comparación con los adultos.

P. Afirman ustedes que basta un cambio de hábitos para preservar la longitud de nuestros telómeros e incluso revertir el proceso de acortamiento. ¿Cómo es eso posible?

R. Actualmente disponemos de varios estudios que demuestran que si una persona practica una nueva actividad aumenta su enzima antienvejecimiento, la telomerasa. En el primer ensayo que se hizo para estudiar si los telómeros se llegaban a estabilizar o se podían incluso alargar, Dean Ornishdemostró que un programa combinado con métodos para reducir el estrés, caminar, y una dieta vegetariana no solo era bueno para revertir enfermedades cardíacas, sino que, aparentemente, también aumentaba la longitud de los telómeros. Tenemos un nuevo estudio, todavía en elaboración, que demuestra que más de un mes de retiro dedicado a meditar tiene efectos sobre el alargamiento. No es necesario llegar a esos extremos. Cualquier actividad que movilice el cuerpo y la mente, como el yoga o el tai chi, tiene sus efectos.

P. ¿Es posible predecir con cierta fiabilidad tanto las posibles enfermedades que vamos a padecer como nuestra fecha de defunción a través del estado de nuestros telómeros?

R. Los telómeros nos dan un gran control estadístico acerca de quién tiene más probabilidades de morir antes dentro de un grupo grande de miles de personas. Sin embargo, a nivel del individuo, no son precisos. No es posible precedir tampoco si una persona concreta contraerá enfermedades o no, a pesar de que los test de telomeros son cada vez más populares. Antes pensábamos que llevarlos a cabo era una buena idea. Ahora mismo, no estamos tan seguras. Provocan que la gente se preocupe en vez de ayudarla.

P. Muchas empresas se han lanzado a fabricar suplementos para preservar el buen estado de los telómeros que se venden como una fórmula para mantener la juventud. Ustedes, sin embargo, desaconsejan su consumo. ¿Por qué?

R. Tal vez funcionen. Eso espero. A corto plazo parece que efectivamente alargan los telómeros. Pero los extremos de nuestros cromosomas actúan como un arma de doble filo. Si son demasiado largos nos ponen en riesgo de desarrollar determinados cánceres.

El ejercicio es bueno para los telómeros, siempre y cuando no sobreentrenemos. El deporte aeróbico es la clave

Nosotras, personalmente, no los tomaríamos hasta que algún equipo de científicos imparciales realice los convenientes test y verifique que son seguros a largo plazo, sobre todo por las consecuencias relacionadas con los tumores.

P. El ejercicio se presenta como otro buen instrumento para proteger nuestros telómeros, sin embargo, hay matices. ¿Qué deportes son más saludables y con qué intensidad los deberíamos practicar?

R. No hay duda de que el ejercicio es bueno para los telómeros, siempre y cuando no lleguemos al sobreentrenamiento. Las personas que practican deportes extremos y no dan tiempo a su organismo a recuperarse tienden a desarrollar agotamiento, problemas inmunológicos y sus músculos acaban desarrollando telómeros más cortos. Pero son casos extraordinarios, a la mayoría de los mortales nos basta con despegar el trasero y hacer un poco más de deporte. El levantamiento de pesas puede ser importante para mantener la masa muscular, pero probablemente no ayudará a nuestros telómeros. Sin embargo, las actividades aeróbicas, es decir, aquellas que sirven para aumentar nuestra frecuencia cardiáca, son cruciales. Caminar, correr o efectuar entrenamientos por intervalos parecen aumentar la enzima telomerasa.

No deberíamos comenzar dietas ya que tienen un punto y final. Lo más inteligente es elegir unos hábitos que podamos cumplir

Aquellas personas que cuidan a enfermos afectados de demencia se hallan bajo un estrés tremendo. Si son también sedentarias tenderán a tener telómeros más cortos. Basta, sin embargo, que realicen al menos un ejercicio que requiera una cierta energía para que sus telómeros queden protegidos y no se parezcan a los de una persona que tiene que realizar sus tareas. Hemos desarrollado un estudio que todavía no se ha publicado, que demuestra que si a un cuidador le das un plan de ejercicio controlado por un entrenador personal durante 6 meses, sus telómeros se alargan en consonancia con la reducción de su estrés.

P. Tras estudiar los telómeros de un grupo humano con una alta carga de estrés, como fue el caso de las madres que tenían que cuidar a niños con minusvalías, ustedes descubrieron los increíbles efectos que tenía esa gran tensión psicológica sobre esta parte de los cromosomas. ¿Enseñar a controlar el estrés debería ser una prioridad ya desde la infancia?

R. Por supuesto, enseñar a los niños acerca de la naturaleza de su mente, cómo nos estresamos a nosotros mismos innecesariamente y cómo podemos aprender a controlar nuestro bienestar son lecciones esenciales sobre la vida que debemos transmitirles. Nosotras, por desgracia, las aprendimos ya de adultas. Desde fases muy tempranas hay que enseñar inteligencia emocional y técnicas para calmar nuestras tensiones. La salud mental es la puerta de entrada hacia un óptimo bienestar y las personas con trastornos mentales son mucho más propensas a desarrollar enfermedades físicas de manera prematura.

Elisabeth Blackburn. (Cordon Press)
Elisabeth Blackburn. (Cordon Press)

P. Resulta que para nuestros telómeros el sobrepeso no es una cuestión primordial. Ustedes aseguran en su libro que además “no es sano pasarse la vida entera pensando en comer menos. No es bueno para tu atención (un recurso muy valioso y limitado), no es bueno para tu nivel de estrés y no es bueno para tu envejecimiento celular”. ¿Deberíamos dar menos importancia a las dietas?

R. No deberíamos nunca comenzar una dieta ya que tienen un punto y final. Lo más inteligente es elegir unos hábitos que realmente podamos cumplir. Por ejemplo, comer alimentos integrales o no ingerir productos procesados. Estos últimos no son comida de verdad, muy al contrario son una de las principales razones de nuestras enfermedades modernas. Sus azúcares añadidos, las grasas poco saludables, los productos químicos y sus bajos niveles de fibra forman una pésima combinación.

No recomiendo hacer un test de telómeros. Los resultados solo causan que nos acabemos estresando aún más

Puedes tomártelo como un proyecto familiar o como un propósito: rodéate de alimentos frescos y tira a la basura los malos productos. Si están delante de nuestros ojos, acabaremos comiéndolos. No nos engañemos. Los seres humanos tenemos mucho menos control del que pensamos sobre la comida basura y sobre aquella que tiene un alto contenido en azúcar. En nuestro laboratorio nos deshicimos de los refrescos. Aquellos que los tomaban habitualmente comenzaron también a dejar de consumirlos. ¿Se enojaron con nosotros por eliminar las bebidas? ¡Nos lo agradecieron! La gente no quiere desarrollar diabetes. Desean envejecer bien para ver cómo crecen sus nietos. Pero las personas están también tratando de sobrevivir en un mundo con mucho estrés y no tienen un control completo sobre sus comportamientos. Necesitamos, por eso, desarrollar conjuntamente un ambiente más saludable.

P. A pesar de ser la base de su trabajo, ustedes desaconsejan realizar un test de telómeros. De hecho, Elissa no lo ha llevado nunca a cabo. ¿Por qué defienden esta curiosa paradoja?

R. Puedes hacerte la prueba si quieres, pero no te la tomes en serio. Personalmente, yo no quiero hacerme el test porque sospecho que ya tengo los telómeros suficientemente cortos y prefiero no verificarlo. La precisión de los análisis no resulta beneficiosa para los individuos y solo causa que nos acabemos estresando aún más. Tengo un hijo que presenta ciertas dificultades y una vida en la que la tristeza y el estrés emergen a veces con fuerza. Estas son las cartas con las que me ha tocado jugar. Hago todo lo posible para llevar una vida saludable y hacer las cosas que me resultan más importantes. Si mis telómeros son cortos, y yo creo que lo son, no quiero saber cuál es la medida precisa. De todas formas, cada persona tiene que hacer lo que tiene que hacer, es decir, aquello que dé sentido a su personalidad y a sus necesidades.