10 Ago

El ayuno y sus beneficios para la salud

Cada vez hay más estudios científicos que prueban cómo un ayuno controlado mejora o cura enfermedades. En Alemania o Suiza, los médicos lo prescriben

Mucha gente desconoce que ayunar, siempre de una forma controlada o bajo supervisión médica, puede ser beneficioso para la salud. Cada vez hay más estudios y experiencias clínicas que corroboran los aspectos positivos que tiene no tomar alimentos sólidos con fines terapéuticos, y más aún si ese ayuno va acompañado de ejercicio físico. Es un procedimiento poco conocido aún, aunque hay países como Alemania, Francia, Suiza o Austria, en los que los médicos llegan a prescribir el ayuno como método de curación en lugar de los medicamentos. En España son pocos los profesionales que lo utilizan como terapia, más allá de casos concretos como las clínicas Büchinger de ayuno terapéutico y medicina integrativa.

El ayuno consiste en ingerir una cantidad máxima de entre 280 y 300 calorías diarias, tomando únicamente líquidos como agua, zumos, infusiones o caldos de verduras. En esa situación, el cuerpo humano empieza a consumir sus reservas y a vivir de ellas. El médico Pablo Saz Peiró asegura que es importante observar a cada persona concreta y su situación específica. “Mientras la gente tiene reservas, su estado de salud, su inmunidad y su fuerza se mantienen en buen equilibrio. Pero cuando se acaban esas reservas y seguimos con el ayuno, el desequilibrio en el cuerpo es total. Ahí pasamos a perder inmunidad, a estar enfermos como consecuencia del hambre, y podría haber alteraciones en algunos órganos del cuerpo, como el hígado o los riñones”.

Por esa razón, el tiempo que hay que mantener un ayuno depende principalmente de las reservas. Los periodos varían entre los ayunos cortos de uno a tres días, en los que apenas se queman calorías de reserva, hasta ayunos muy largos, llevados a cabo por personas con graves problemas de obesidad, que han llegado a durar más de 300 días.

Bueno para casi todo

En un análisis realizado por el doctor Pablo Saz Peiró y por Shila Saz Tejero para la Universidad de Zaragoza sobre las indicaciones terapéuticas del ayuno, se recuerda que el ayuno voluntario con la restricción de la ingesta de alimentos sólidos se practica en todo el mundo por motivos tradicionales, culturales o religiosos. Ahí están, por ejemplo, el ayuno católico en Cuaresma o el que se realiza durante el mes del Ramadán en el mundo musulmán. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha hecho más popular como método de prevención o como estilo de vida saludable. Pablo Saz dice que “la reacción del cuerpo mientras está viviendo de las reservas y siempre que se disponga de ellas, es una reacción de reequilibrio, que reajusta muchos sistemas”.

Se ha constatado su eficacia en el tratamiento de enfermedades reumáticas, dolor crónico, hipertensión, enfermedades inflamatorias y degenerativas crónicas, o incluso como complemento para paliar los efectos de la quimioterapia en los procesos contra el cáncer. Sin embargo, es importante recalcar que para que el ayuno sea efectivo, debe ser voluntario. “El paciente debe entenderlo y debe aceptarlo”, asegura el doctor Saz. “El ayuno no se puede imponer como medicación a ningún paciente, sino que el paciente debe comprender el mecanismo, asimilarlo y tener voluntad y capacidad de aplicarlo. Es como el ejercicio físico, que yo, como médico, lo puedo recomendar, pero luego es el paciente el que debe hacerlo”. Por lo tanto, la voluntariedad es el primer requisito imprescindible para llevar a cabo un ayuno terapéutico.

Las contraindicaciones del ayuno

Lanzarse al ayuno de buenas a primeras tiene sus riesgos siempre que no se disponga de toda la información necesaria para iniciar el proceso, y siempre que no se tenga conciencia de lo que significa y lo que supone una medida, en cierto modo, drástica al principio. “La principal contraindicación para empezar un ayuno es que no haya reservas en el cuerpo”, advierte Pablo Saz. “Hace años también se consideraban contraindicaciones las insuficiencias hepáticas, renales o cardiacas. Hoy en día, algunos de estos criterios se están modificando y han pasado de estar contraindicado a ponerse entre interrogantes tras comprobarse que ha habido casos en los que ha sido positivo también para algunas de esas insuficiencias. Un ejemplo: hay estudios que señalan que el ayuno tiene un efecto digitálico en el corazón, es decir, que da potencia al corazón”.

El paciente que inicie un ayuno debe controlar sus propios límites. Si en algún momento surge algún malestar, debe detenerse, ingerir algún alimento sólido como una fruta y volver a intentarlo más tarde. “Tiene que saber dónde parar y también conocer sus pequeñas reacciones. Debe entender el proceso, y su cabeza debe funcionar muy bien en ese sentido. La persona que ayuna tiene que tomar sensibilidad, entender el mecanismo del ayuno y las reacciones que va a experimentar su propio cuerpo” para no asustarse, apunta Saz-Peiró.

Por ejemplo, cuando se empieza a vivir de las reservas del cuerpo, este expulsa acetona, por lo que aparecerá ese olor característico. Se pueden llegar a sentir náuseas, dolor de cabeza o irritabilidad, síntomas pasajeros que desaparecen al poco tiempo. Hay quienes, al experimentar estas u otras consecuencias del ayuno, se preocupan y lo dejan.

Los beneficios de un ayuno terapéutico bien llevado y controlado no se limitan exclusivamente al ámbito de la salud. Se trata de un procedimiento simple y barato, que podría ahorrar mucho dinero público en camas de hospital y en tratamientos médicos más o menos costosos. El doctor Pablo Saz asegura que “se gasta mucho dinero en algunas de las enfermedades que se resolverían con el ayuno de manera económica. Michalsen, uno de los mayores investigadores del ayuno, dice que si las enfermedades que él resuelve con el ayuno las curase un solo medicamento, sería multimillonario. Porque tendría una publicidad asombrosa y unas ganancias enormes. El problema es que el ayuno no es una patente de la industria farmacéutica”.

09 Ago

La experiencia de pasar un año sin probar el azúcar

¿Podrías estar un año sin comer azúcar? La familia Schaub sí. Tras doce meses de pruebas, la familia cuenta esta complicada experiencia a través de un libro, ‘Year Of No Sugar’, y de una entrevista a ‘The Huffington Post’, mostrando los sorprendentes resultados de su decisión.

 

Parece complicado elegir un momento en el que cortar el azúcar de raíz, pero así sucedió. Un día, la periodista estadounidense, Eve O. Schaub, visionó, junto a su marido, un vídeo de un endocrino que hablaba sobre el azúcar, las funciones que realiza en nuestro cuerpo y lo presente que está en muchos alimentos en los que no la asociamos. “En todas partes veía azúcar, empecé a cuestionarme no sólo la cultura alimentaria americana sino la mía propia: ¿Qué le estoy dando de comer a mi familia?”. El vídeo hizo tal mella en la conciencia de Eva que decidió, junto a su marido y sus dos hijas, vivir todo el año (2011) sin la presencia de ningún tipo de azúcar añadido en su organismo.

Como no podía ser de otra manera, las que más sufrieron la decisión fueron sus hijas. “Se pusieron a llorar”, comenta. “Sabían que los cumpleaños y Halloween no serían lo mismo”. No obstante, la familia tomó una pequeña moratoria y es que cada miembro podría permitirse una excepción regular que contenía una pequeña cantidad de azúcar. Eva optó por un vaso de vino tinto mientras que el resto tenía acordado un postre.

 

Aún así, Eva asegura que no fue fácil. Sorprendentemente, su hija pequeña, de 6 años, aceptó la situación de buen modo. Por contra, la mayor, de 11 años, no encajó bien la decisión, aunque finalmente acabó encantada con los resultados. Para evitar las tensiones, Eva aconsejó a su hija escribir un diario, y algunos de sus fragmentos se han rescatado en el libro.

Unos resultados sorprendentes

Pese a lo que pueda parecer, ni Eva ni su familia perdieron peso. “Siento que la gente está decepcionada con el resultado, pero yo no buscaba perder peso”. Asegura que solamente quería comprobar como se sentía su cuerpo y su paladar ante la ausencia de azúcar.“Nuestros paladares comenzaron a cambiar con el tiempo. Las cosas dulces comenzaron a no gustarnos e, incluso, a parecernos repugnantes”, señala, a la vez que comenta que aumentó la sensación de estar más sanos y enfermar menos. 

Cuando terminó la experiencia, todos pensaban que una vez alcanzada la libertad, se volverían locos con el azúcar. “Eso no fue así en absoluto”. Conforme pasó el tiempo, todo le resultaba extraño, “hasta ir al supermercado”.

Eva asegura que una de las cosas más complicadas es precisamente encontrar estos productos sin azúcar. “Tuve que hacer mi propia mayonesa e incluso hornear mi propio pan”. “Tuve que recorrer muchos kilómetros para comprar los diferentes productos sin azúcar”, afirma.

Tras la experiencia, Eva recomienda a todo el mundo llevar a cabo esta práctica. “La gente no tiene que ser tan estricta como nosotros, pero les recomiendo que empiecen por ser más conscientes de la presencia de azúcar, para que tomen sus propias decisiones”, pero lo que no me parece justo es que esta sustancia, que no es inocua, esté tan presente en nuestra comida sin que lo sepamos”, sentencia.

 

 

Fuente: El Mundo