04 Sep

Abdominales hipopresivos, lo último para conseguir un vientre de acero

Este método combina técnicas posturales y de respiración que ayudan a fortalecer la zona pélvica y la musculatura profunda del abdomen

Ha llegado el momento de poner el cuerpo a tono tras las vacaciones de verano. La zona abdominal es tendente a la acumulación de grasa y por tanto requiere de mayor trabajo y mucha constancia para poder ver resultados y una mejora a corto plazo. Trabajar esta zona no debe ser solo una preocupación estética, ya que la flacidez y la debilidad de la faja abdominal puede ocasionar problemas en el aparato genital como incontinencia urinaria o en la espalda, provocando lumbalgias con el tiempo.

El método hipopresivo trata de dar respuesta a estos problemas estéticos y de salud eliminando la grasa localizada, fortaleciendo la musculatura profunda del abdomen y la zona pélvica mediante unos ejercicios, que combinan técnicas posturales y de respiración. A diferencia del método tradicional, el método hipopresivo consigue trabajar el músculo transverso del abdomen y reeducar el suelo pélvico, por ello está especialmente indicado para las mujeres que tras el parto hayan experimentado una pérdida de tono en la musculatura vaginal.

Se trata de un entrenamiento que requiere de las pautas y la guía de un entrenador para el aprendizaje inicial. Una vez interiorizada la técnica se puede trabajar en casa de manera individual, pudiendo ver resultados en cuestión de un mes si se realiza de una manera correcta.

Se trata de una técnica que no está recomendada a las mujeres embarazadas y las personas hipertensas o con alguna cirugía abdominal.

Accede al vídeo para ver cómo se entrena correctamente con el método hipopresivo.

22 Ago

Desvelan la ‘llave maestra’ de la obesidad

Un mecanismo genético controla la predisposición a ser obeso; los investigadores han visto que se puede modificar con las técnicas de edición del genoma actuales, lo que abre una nueva vía de prevención y tratamiento de esta epidemia

La obesidad se ha convertido en uno de los mayores retos de salud pública del siglo 21 en todo el mundo, donde ya afecta a más de 500 millones de personas, y contribuye a trastornos potencialmente mortales como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y el cáncer.

Aunque son muchos los enfoques dirigidos a prevenirla y a paliar sus efectos, las previsiones no son muy prometedoras, ya que se espera que el número de personas con sobrepeso u obesas siga en aumento. Pero es posible que, si se confirman los datos de un estudio que se publica en «The New England Journal of Medicine», en un futuro cercano haya un nuevo enfoque para prevenir e incluso curar la obesidad. Un estudio dirigido por investigadores del MIT y de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE.UU.), gracias al análisis de los circuitos celulares implicados en la asociación entre genes y obesidad, han identificado un nuevo mecanismo que controla el metabolismo humano al promover que nuestros adipocitos o células grasas, almacenen la grasa o la quemen.

Dieta y ejercicio

Tradicionalmente se ha considerado la obesidad, explica el autor principal del trabajo, Manolis Kellis, «como el resultado del metabolismo de un desequilibrio entre la cantidad de alimentos que comemos y el ejercicio que hacemos, pero este punto de vista ignora la contribución de la genética de cada individuo».

De todos los genes que se han relacionado con la obesidad, el más famoso es el FTO. Desde su descubrimiento en 2007, ha sido sometido a un intenso escrutinio, pero la mayoría los estudios no han logrado encontrar un mecanismo que explique explicar cómo las diferencias genéticas en la región o alelo del gen FTO se asocian con la obesidad.

Así, explica otra de las investigadoras, Melina Claussnitzer, algunos estudios han tratado de relacionar la región FTO con los «circuitos cerebrales que controlan el apetito o la propensión al ejercicio», pero según nuestros resultados FTO actúa principalmente en las células progenitoras de adipocitos de una manera independiente del cerebro. El trabajo demuestra la existencia de una ‘sala de control’ en las células progenitoras de los adipocitos humanos, lo que sugiere que las diferencias genéticas pueden afectar el funcionamiento de las reservas de grasa humana.

Para estudiar los efectos de las diferencias genéticas en los adipocitos, los científicos recogieron muestras de tejido adiposo de voluntarios europeos sanos que son portadores de la versión de la región genética asociada al riesgo de obesidad y de otro grupo que poseían el alelo que no está vinculada con dicho riesgo. De esta forma vieron que en los primeros se activa una región de control importante en las células progenitoras de los adipocitos, localizadas en dos genes, Irx3 y Irx5.

Es decir, según los expertos, Irx3 y Irx5 actúan como los controladores ‘maestros’ de un proceso conocido como termogénesis, con el que los adipocitos disipan la energía en forma de calor, en lugar de almacenarla como grasa. La termogénesis puede ser desencadenada por el ejercicio, la dieta o la exposición al frío, y se produce tanto en adipocitos marrones (grasa marrón) ricos en mitocondrias que están relacionados con el desarrollo muscular como en adipocitos de color beige (grasa blanca) que están vinculados con los adipocitos blancos de almacenamiento de energía.

Claussnitzer recuerda que los primeros estudios sobre la termogénesis se centraron en la grasa marrón, que desempeña un papel importante en los ratones, pero es prácticamente inexistente en los adultos humanos. Sin embargo, añade, «esta nueva ruta controla la termogénesis en las más abundantes reservas de grasa blanca y su asociación genética con la obesidad indica que afecta al balance global de energía en humanos».

Baile de letras

Además, los investigadores han podido verificar que basta una sencilla diferencia genética de un solo nucleótido para que aumente el riesgo de obesidad. Así, en los individuos de riesgo se sustituye una timina (T) por una citosina (C), lo que provoca que la desactivación de la región de control y enciende los genes Irx3 y Irx5: el resultado es el apagado de termogénesis, que conduce a la acumulación de lípidos y, en finalmente, a la obesidad.

Gracias a la tecnología CRISPR / Cas9, que permite realizar cambios precisos a una secuencia de ADN, los investigadores pudieron cambiar la firma genética de delgados y obesos en pre-adipocitos humanos. Es decir, bastaba con cambiar la C por la T en individuos de riesgo para desactivar los genes Irx3 y Irx5, restaurando así la termogénesis y apagando los genes de almacenamiento de lípidos.

Los resultados podría tener importantes implicaciones terapéuticas. En primer lugar, señala Kellis, «puede permitir la edición del genoma como una vía terapéutica para los individuos portadores del alelo de riesgo», dice Kellis. Pero lo más importante, subraya, es que «los circuitos celulares descubiertos podrían permitir controlar el ‘interruptor maestro metabólico’ tanto en los individuos de riesgo como en los que no lo son y así contrarrestar el entorno o el estilo de vida, factores que contribuyen a la obesidad». De momento los investigadores ya lo han conseguido en células humanas y de ratón.

Fuente : ABC

09 Ago

La experiencia de pasar un año sin probar el azúcar

¿Podrías estar un año sin comer azúcar? La familia Schaub sí. Tras doce meses de pruebas, la familia cuenta esta complicada experiencia a través de un libro, ‘Year Of No Sugar’, y de una entrevista a ‘The Huffington Post’, mostrando los sorprendentes resultados de su decisión.

 

Parece complicado elegir un momento en el que cortar el azúcar de raíz, pero así sucedió. Un día, la periodista estadounidense, Eve O. Schaub, visionó, junto a su marido, un vídeo de un endocrino que hablaba sobre el azúcar, las funciones que realiza en nuestro cuerpo y lo presente que está en muchos alimentos en los que no la asociamos. “En todas partes veía azúcar, empecé a cuestionarme no sólo la cultura alimentaria americana sino la mía propia: ¿Qué le estoy dando de comer a mi familia?”. El vídeo hizo tal mella en la conciencia de Eva que decidió, junto a su marido y sus dos hijas, vivir todo el año (2011) sin la presencia de ningún tipo de azúcar añadido en su organismo.

Como no podía ser de otra manera, las que más sufrieron la decisión fueron sus hijas. “Se pusieron a llorar”, comenta. “Sabían que los cumpleaños y Halloween no serían lo mismo”. No obstante, la familia tomó una pequeña moratoria y es que cada miembro podría permitirse una excepción regular que contenía una pequeña cantidad de azúcar. Eva optó por un vaso de vino tinto mientras que el resto tenía acordado un postre.

 

Aún así, Eva asegura que no fue fácil. Sorprendentemente, su hija pequeña, de 6 años, aceptó la situación de buen modo. Por contra, la mayor, de 11 años, no encajó bien la decisión, aunque finalmente acabó encantada con los resultados. Para evitar las tensiones, Eva aconsejó a su hija escribir un diario, y algunos de sus fragmentos se han rescatado en el libro.

Unos resultados sorprendentes

Pese a lo que pueda parecer, ni Eva ni su familia perdieron peso. “Siento que la gente está decepcionada con el resultado, pero yo no buscaba perder peso”. Asegura que solamente quería comprobar como se sentía su cuerpo y su paladar ante la ausencia de azúcar.“Nuestros paladares comenzaron a cambiar con el tiempo. Las cosas dulces comenzaron a no gustarnos e, incluso, a parecernos repugnantes”, señala, a la vez que comenta que aumentó la sensación de estar más sanos y enfermar menos. 

Cuando terminó la experiencia, todos pensaban que una vez alcanzada la libertad, se volverían locos con el azúcar. “Eso no fue así en absoluto”. Conforme pasó el tiempo, todo le resultaba extraño, “hasta ir al supermercado”.

Eva asegura que una de las cosas más complicadas es precisamente encontrar estos productos sin azúcar. “Tuve que hacer mi propia mayonesa e incluso hornear mi propio pan”. “Tuve que recorrer muchos kilómetros para comprar los diferentes productos sin azúcar”, afirma.

Tras la experiencia, Eva recomienda a todo el mundo llevar a cabo esta práctica. “La gente no tiene que ser tan estricta como nosotros, pero les recomiendo que empiecen por ser más conscientes de la presencia de azúcar, para que tomen sus propias decisiones”, pero lo que no me parece justo es que esta sustancia, que no es inocua, esté tan presente en nuestra comida sin que lo sepamos”, sentencia.

 

 

Fuente: El Mundo

15 Jul

Lo que el bebé come en sus 1.000 primeros días, vital para su salud

La parte de la salud del niño que viene determinada por sus genes es menor de lo que se pensaba

Las últimas investigaciones llevadas a cabo a nivel mundial demuestran que la nutrición en los 1000 primeros días del niño –desde su concepción hasta los dos años de edad– es un factor fundamental para la salud futura de los niños. Durante las primeras etapas de la vida, se produce la programación metabólica, un proceso en el que el entorno y la alimentación juegan un rol fundamental y, por lo tanto, supone una oportunidad para incidir en la salud futura. Recientes estudios científicos demuestran que una menor parte de la salud del bebé dependerá de sus genes, pero que la mayor parte dependerá de su entorno, donde la alimentación es un factor muy significativo. Los requerimientos nutricionales de los niños no son iguales a los de un adulto ya que tienen necesidades nutricionales específicas por estar en un periodo de rápido crecimiento.

Desde el momento de la concepción, la nutrición de la futura madre tiene un impacto en la salud futura de su hijo: mantener un peso correcto en el embarazo, incrementar la ingesta de ciertas vitaminas y minerales, y la calidad de la dieta de la embarazada, son factores clave. Las futuras mamás no deben comer por dos, pero si pensar por dos. Una vez que el bebé ha nacido, la leche materna es la mejor forma de alimentarlo. Por ello se recomienda la lactancia materna en exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del bebé. Una madre lactante es capaz de producir leche con la cantidad adecuada de proteínas, grasas, carbohidratos y minerales, incluso cuando no está recibiendo la ingesta adecuada de estos nutrientes. Por el contrario, las vitaminas, yodo y omega 3 (DHA) presentes en la leche materna están muy ligados a la dieta de la madre. Por todo ello, es fundamental que las madres lactantes sigan una dieta variada y equilibrada, ajustada a este periodo de necesidades nutricionales específicas.

Hitos en la alimentación del bebé

La introducción de la alimentación complementaria, a partir de los 6 meses, es el siguiente hito en los 1.000 primeros días del bebé. Es importante la introducción de nuevos alimentos, sabores y texturas para desarrollar unos hábitos nutricionales adecuados, además de asegurar la ingesta de nutrientes adecuados en esa fase de importante crecimiento y desarrollo, explican desde Danone Nutricia Early Life Nutrition (ELN).

Los niños entre 12 y 24 meses siguen teniendo unas necesidades nutricionales específicas que la dieta de los adultos no puede cubrir. La cantidad de nutrientes que necesitan por kilo de peso puede llegar a ser de entre 4 y 7 veces más que las de un adulto, de ahí la importancia de continuar con una dieta adaptada en esta edad. Conscientes de este problema, Danone puso en marcha en 2012 el programa educacional «Alimentando la Salud del mañana». Bajo este paraguas, en 2013, llevó a cabo el estudio pionero Alsalma 2.0, en el que se analizaron los hábitos nutricionales de un grupo de más de 1.700 niños españoles de entre 12 y 36 meses y las revelaciones fueron muy señalables. Según las conclusiones de este estudio, el 95,9% de los niños de 12 a 36 meses consumen cuatro veces más proteínas de la ingesta diaria recomendada. También se observó que una mayor proporción en el consumo diario de proteínas se relaciona con un mayor índice de masa corporal. Además, los niños españoles no alcanzan la ingesta recomendada de micronutrientes como el yodo o la vitamina D.

07 Jul

¿Que causa el cáncer y por qué se ha mantenido en secreto?

El Dr. Otto Heinrich Warburg fue uno de los principales biólogos del siglo 20 quien dedico toda su vida a estudiar el cáncer, y en 1931, recibió el Premio Nobel por el descubrimiento de las causas básicas de cáncer.

Él descubrió que el cáncer es el resultado de una forma contraria a fisiológicos de la vidaporque el cuerpo es demasiado ácido. El nivel óptimo de pH saludable en el cuerpo es 7.365 y nada por debajo de esto se considera demasiado ácido. También descubrió que el cáncer se propaga más rápido en ambientes ácidos por los niveles elevados de ácido láctico y CO2.

Cuando el cuerpo es alcalizado más oxígeno a las células se obtienen y las células cancerosas no puede sobrevivir con el oxígeno de células llenas.

Él ha dicho, “los tejidos cancerosos son ácidos, mientras que los tejidos saludables son alcalinos. El agua se divide en iones H + y OH – , si hay un exceso de iones H +, es ácido; si hay un exceso de iones OH -, entonces es alcalino “.

Sus conexiones entre la creación de cáncer a la acidez en el cuerpo son excepcionales. “Todas las células normales tienen un requisito absoluto para el oxígeno, pero las células cancerosas pueden vivir sin oxígeno – una regla sin excepción. Privar a una célula de 35% de su oxígeno durante 48 horas puede convertirse en cancerosos “.

El médico ha investigado el metabolismo de los tumores y la respiración de las células y descubrio que las células cancerosas se mantienen y prosperan en áreas ácidas. Afirmó que la causa del cáncer es la falta de oxígeno, lo que crea estados de ácidos en el cuerpo humano.

Dr. Warburg también ha descubierto que las células cancerosas son anaeróbicas, lo que significa que no respiran oxígeno y no pueden sobrevivir en la presencia de altos niveles de oxígeno.

17 Jun

El ayuno puede ser un elemento clave en la longevidad y la salud

fontana--644x362

Luigi Fontana es reconocido por sus investigaciones en nutrición, envejecimiento y longevidad. Propone la optimización de la dieta como vía para suavizar el paso de los años y las enfermedades asociadas. Sus hallazgos abren la puerta a futuras opciones dietéticas y farmacológicas que aprovechen los beneficios de la restricción dietética para la salud. Actualmente, este profesor de la Universidad de Washington (EE.UU.) ha iniciado un estudio con el que pretende comparar los efectos de la dieta mediterránea con los de la alimentación habitual, que ha avanzado durante su intervención en los “Distinguished Seminars” que organiza el CNIO.

–¿Se puede comer menos y vivir más?

–En 1935 se publicó el primer estudio en animales que demostraba que una restricción de un 30-40% en las calorías aumentaba la vida sin malnutrición. Desde entonces se han hecho cientos de estudios que han confirmado que la restricción de proteínas se asocia con una una vida más larga y sana, libre de cáncer, obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular. Ahora estamos tratando de comprender los mecanismos que hacen que esto ocurra en animales, para ver si pasa lo mismo en humanos.

–¿Qué beneficios reales tienen estas dietas?

–Las personas que siguen una dieta con una restricción del calorías y proteínas del 20%, tienen menos sobrepeso y obesidad, un perfil cardiovascular “fantástico”, niveles de azúcar y de tensión arterial muy buenos, menos inflamación, perfiles ideales de lípidos y colesterol. No van a desarrollar enfermedad cardiovascular, la primera causa de muerte en el mundo occidental. En animales la restricción calórica les protege del cáncer. Está por ver si ocurre lo mismo en humanos. En animales, el ayuno intermitente reduce el riesgo de cáncer y prolonga la longevidad. Estamos realizando estudios en personas que ayunan dos veces a la semana, y no días consecutivos. No es un ayuno completo, pueden comer verduras, y los resultados son muy positivos.

–¿Hay que reconsiderar la dieta mediterránea?

–Ese debería ser un objetivo. Desgraciadamente en mi país [Italia] y en España, la dieta mediterránea clásica ha desaparecido. Y lo curioso es que lo que estamos viendo en nuestros estudios es justo esto: la dieta mediterránea clásica prolonga la vida y reduce el riesgo de muchas enfermedades.

–¿Cuántas calorías se recomiendan al día?

–Depende de factores como la edad, sexo, tipo de trabajo, entre otros. Por ejemplo, 800 calorías al día para un joven de 18 años es malnutrición, pero para una persona con 60 años puede que sean demasiadas. No hay “cifras mágicas”. Se trata de reducir la ingesta sin que genere malnutrición. Una alimentación saludable y variada favorece una flora intestinal mucho más rica.

–¿Por qué es importante rediseñar nuestra forma de comer?

–Porque muchas personas pueden morir o desarrollar una enfermedad crónica prevenible. De lo contrario nos abocamos a una situación insostenible. Por ejemplo, en Italia el 21% de la población tiene más de 65 años y la cifra será del 34% en los próximos 15. Es decir, un tercio de los italianos será mayor de 65 años [la situación en España es similar], y el 99% tendrá una enfermedad crónica y el 70% más de una. Es una situación insostenible para cualquier sistema nacional de salud.

–¿Qué podemos hacer?

–Hay dos opciones: empezar a pensar en medicina preventiva y no solo ir al médico cuando estemos enfermos, o somos ricos y podemos pagar cualquier tratamiento. Ningún sistema de salud podrá hacer frente a una situación como ésta.

–¿Qué responsabilidad tenemos como individuos?

–Es un problema complejo. No se trata de que nos digan que hay que comer sano y hacer más ejercicio. La mayoría de la población lo sabe… Hacen falta intervenciones que enseñen y eduquen a la población sobre los hábitos saludables. Y los medios de comunicación deben ser cómplices y transmitir un ‘mensaje único’ y no hablar cada día de uan ‘dieta milagro’ para perder kilos.

–¿Por qué no se hace?

-Podemos empezar educando a todas las personas que acuden a un hospital sobre cómo comer bien y la importancia del ejercicio. Vivimos en una sociedad de ‘imitación’. Podemos usar la psicología para cambiar las costumbres. Por ejemplo, en EE.UU. todo el mundo es gordo porque todo el mundo lo es, es algo normal, pero en Dinamarca se desplazan en bicicleta porque es lo ‘habitual’. Cambiar las costumbres toma unos años, pero hay muchas alternativas para hacerlo, y debemos ponernos a ello cuanto antes, sobre todo los políticos. Pero tengo la sensación que los gobiernos no quieren escuchar a los científicos.

Fuente: ABC