25 Sep

Podemos controlar el envejecimiento; los genes son solo el 50%

Elizabeth Blackburn y Elissa Epel, dos investigadoras que demuestran que los telómeros son la base biológica que explica la conexión entre la mente y el cuerpo

¿Por qué dos personas nacidas en el mismo año se hacen mayores a un ritmo distinto? Los factores que pueden llevar a esta situación son múltiples, sin embargo, hay un indicador que ofrece datos fundamentales sobre nuestro estado de salud presente, así como su futuro deterioro. Tal instrumento de medida es la longitud de nuestros telómeros, que en esencia no son más que los extremos de nuestros cromosomas.

Dichas regiones de ADN juegan un papel fundamental tanto en el envejecimiento celular como en el crecimiento de los tumores. Elisabeth Blackburn fue una de las primeras bioquímicas que se dedicó a estudiarlos y sus hallazgos le llevaron a obtener el Premio Nobel de Medicina en el año 2009. Junto a la profesora de psiquiatría Elissa Epel, ha escrito un volumen con el que pretende echarle una mano a los lectores para conseguir una mayor longevidad: ‘La solución de los telómeros‘ (Editorial Aguilar). Con el fin de saber un poco más sobre sus descubrimientos y las recomendaciones derivadas de ellos, Blackburn y Epel responden a nuestras cuestiones a través de correo electrónico.

PREGUNTA. Frente a quienes defienden que el envejecimiento depende de nuestra herencia genética, están, por otro lado, los que aseguran que el proceso es la consecuencia de nuestros hábitos cotidianos. En su libro, ustedes afirman que las dos posturas tienen razón. ¿Cómo concilian los telómeros tales puntos de vista?

RESPUESTA. Los telómeros son un ejemplo perfecto de cómo nuestros cuerpos y nuestra salud celular están influidos al mismo tiempo por la herencia genética y las experiencias que vivimos (el ambiente en el que crecemos). Los genes juegan un papel del 50%, y el resto… bueno, está en nuestras manos. Tenemos más control sobre nuestro envejecimiento del que creemos. Nuestros comportamientos cotidianos son importantes. Pueden hacernos más longevos o provocarnos enfermedades y sufrimiento.

Los extremos de los cromosomas actúan como un arma de doble filo. Si son demasiado largos tenemos riesgo de desarrollar cáncer

Hay aspectos del ambiente físico y social que dañan los telómeros, como ciertos productos químicos (pesticidas, tintes para el cabello, plásticos, etc.) o la calidad de nuestras relaciones. Entre los ancianos, aquellos que gozan de un buen apoyo social tienden a poseer telómeros más largos. Si tenemos, sin embargo, múltiples vínculos que nos causan malestar eso puede generar el efecto contrario y que los telómeros se acorten. Es fundamental que nos rodeemos de personas que nos hagan sentir bien y que creen a nuestro alrededor un ambiente afectivo positivo. Esto debería ocurrir en todos los ámbitos: en el trabajo, en casa… Es especialmente importante para los niños. Por la etapa de la vida en la que se encuentran son muy permeables, es decir, se ven afectados de manera más profunda por los ambientes negativos, en comparación con los adultos.

P. Afirman ustedes que basta un cambio de hábitos para preservar la longitud de nuestros telómeros e incluso revertir el proceso de acortamiento. ¿Cómo es eso posible?

R. Actualmente disponemos de varios estudios que demuestran que si una persona practica una nueva actividad aumenta su enzima antienvejecimiento, la telomerasa. En el primer ensayo que se hizo para estudiar si los telómeros se llegaban a estabilizar o se podían incluso alargar, Dean Ornishdemostró que un programa combinado con métodos para reducir el estrés, caminar, y una dieta vegetariana no solo era bueno para revertir enfermedades cardíacas, sino que, aparentemente, también aumentaba la longitud de los telómeros. Tenemos un nuevo estudio, todavía en elaboración, que demuestra que más de un mes de retiro dedicado a meditar tiene efectos sobre el alargamiento. No es necesario llegar a esos extremos. Cualquier actividad que movilice el cuerpo y la mente, como el yoga o el tai chi, tiene sus efectos.

P. ¿Es posible predecir con cierta fiabilidad tanto las posibles enfermedades que vamos a padecer como nuestra fecha de defunción a través del estado de nuestros telómeros?

R. Los telómeros nos dan un gran control estadístico acerca de quién tiene más probabilidades de morir antes dentro de un grupo grande de miles de personas. Sin embargo, a nivel del individuo, no son precisos. No es posible precedir tampoco si una persona concreta contraerá enfermedades o no, a pesar de que los test de telomeros son cada vez más populares. Antes pensábamos que llevarlos a cabo era una buena idea. Ahora mismo, no estamos tan seguras. Provocan que la gente se preocupe en vez de ayudarla.

P. Muchas empresas se han lanzado a fabricar suplementos para preservar el buen estado de los telómeros que se venden como una fórmula para mantener la juventud. Ustedes, sin embargo, desaconsejan su consumo. ¿Por qué?

R. Tal vez funcionen. Eso espero. A corto plazo parece que efectivamente alargan los telómeros. Pero los extremos de nuestros cromosomas actúan como un arma de doble filo. Si son demasiado largos nos ponen en riesgo de desarrollar determinados cánceres.

El ejercicio es bueno para los telómeros, siempre y cuando no sobreentrenemos. El deporte aeróbico es la clave

Nosotras, personalmente, no los tomaríamos hasta que algún equipo de científicos imparciales realice los convenientes test y verifique que son seguros a largo plazo, sobre todo por las consecuencias relacionadas con los tumores.

P. El ejercicio se presenta como otro buen instrumento para proteger nuestros telómeros, sin embargo, hay matices. ¿Qué deportes son más saludables y con qué intensidad los deberíamos practicar?

R. No hay duda de que el ejercicio es bueno para los telómeros, siempre y cuando no lleguemos al sobreentrenamiento. Las personas que practican deportes extremos y no dan tiempo a su organismo a recuperarse tienden a desarrollar agotamiento, problemas inmunológicos y sus músculos acaban desarrollando telómeros más cortos. Pero son casos extraordinarios, a la mayoría de los mortales nos basta con despegar el trasero y hacer un poco más de deporte. El levantamiento de pesas puede ser importante para mantener la masa muscular, pero probablemente no ayudará a nuestros telómeros. Sin embargo, las actividades aeróbicas, es decir, aquellas que sirven para aumentar nuestra frecuencia cardiáca, son cruciales. Caminar, correr o efectuar entrenamientos por intervalos parecen aumentar la enzima telomerasa.

No deberíamos comenzar dietas ya que tienen un punto y final. Lo más inteligente es elegir unos hábitos que podamos cumplir

Aquellas personas que cuidan a enfermos afectados de demencia se hallan bajo un estrés tremendo. Si son también sedentarias tenderán a tener telómeros más cortos. Basta, sin embargo, que realicen al menos un ejercicio que requiera una cierta energía para que sus telómeros queden protegidos y no se parezcan a los de una persona que tiene que realizar sus tareas. Hemos desarrollado un estudio que todavía no se ha publicado, que demuestra que si a un cuidador le das un plan de ejercicio controlado por un entrenador personal durante 6 meses, sus telómeros se alargan en consonancia con la reducción de su estrés.

P. Tras estudiar los telómeros de un grupo humano con una alta carga de estrés, como fue el caso de las madres que tenían que cuidar a niños con minusvalías, ustedes descubrieron los increíbles efectos que tenía esa gran tensión psicológica sobre esta parte de los cromosomas. ¿Enseñar a controlar el estrés debería ser una prioridad ya desde la infancia?

R. Por supuesto, enseñar a los niños acerca de la naturaleza de su mente, cómo nos estresamos a nosotros mismos innecesariamente y cómo podemos aprender a controlar nuestro bienestar son lecciones esenciales sobre la vida que debemos transmitirles. Nosotras, por desgracia, las aprendimos ya de adultas. Desde fases muy tempranas hay que enseñar inteligencia emocional y técnicas para calmar nuestras tensiones. La salud mental es la puerta de entrada hacia un óptimo bienestar y las personas con trastornos mentales son mucho más propensas a desarrollar enfermedades físicas de manera prematura.

Elisabeth Blackburn. (Cordon Press)
Elisabeth Blackburn. (Cordon Press)

P. Resulta que para nuestros telómeros el sobrepeso no es una cuestión primordial. Ustedes aseguran en su libro que además “no es sano pasarse la vida entera pensando en comer menos. No es bueno para tu atención (un recurso muy valioso y limitado), no es bueno para tu nivel de estrés y no es bueno para tu envejecimiento celular”. ¿Deberíamos dar menos importancia a las dietas?

R. No deberíamos nunca comenzar una dieta ya que tienen un punto y final. Lo más inteligente es elegir unos hábitos que realmente podamos cumplir. Por ejemplo, comer alimentos integrales o no ingerir productos procesados. Estos últimos no son comida de verdad, muy al contrario son una de las principales razones de nuestras enfermedades modernas. Sus azúcares añadidos, las grasas poco saludables, los productos químicos y sus bajos niveles de fibra forman una pésima combinación.

No recomiendo hacer un test de telómeros. Los resultados solo causan que nos acabemos estresando aún más

Puedes tomártelo como un proyecto familiar o como un propósito: rodéate de alimentos frescos y tira a la basura los malos productos. Si están delante de nuestros ojos, acabaremos comiéndolos. No nos engañemos. Los seres humanos tenemos mucho menos control del que pensamos sobre la comida basura y sobre aquella que tiene un alto contenido en azúcar. En nuestro laboratorio nos deshicimos de los refrescos. Aquellos que los tomaban habitualmente comenzaron también a dejar de consumirlos. ¿Se enojaron con nosotros por eliminar las bebidas? ¡Nos lo agradecieron! La gente no quiere desarrollar diabetes. Desean envejecer bien para ver cómo crecen sus nietos. Pero las personas están también tratando de sobrevivir en un mundo con mucho estrés y no tienen un control completo sobre sus comportamientos. Necesitamos, por eso, desarrollar conjuntamente un ambiente más saludable.

P. A pesar de ser la base de su trabajo, ustedes desaconsejan realizar un test de telómeros. De hecho, Elissa no lo ha llevado nunca a cabo. ¿Por qué defienden esta curiosa paradoja?

R. Puedes hacerte la prueba si quieres, pero no te la tomes en serio. Personalmente, yo no quiero hacerme el test porque sospecho que ya tengo los telómeros suficientemente cortos y prefiero no verificarlo. La precisión de los análisis no resulta beneficiosa para los individuos y solo causa que nos acabemos estresando aún más. Tengo un hijo que presenta ciertas dificultades y una vida en la que la tristeza y el estrés emergen a veces con fuerza. Estas son las cartas con las que me ha tocado jugar. Hago todo lo posible para llevar una vida saludable y hacer las cosas que me resultan más importantes. Si mis telómeros son cortos, y yo creo que lo son, no quiero saber cuál es la medida precisa. De todas formas, cada persona tiene que hacer lo que tiene que hacer, es decir, aquello que dé sentido a su personalidad y a sus necesidades.

29 Ene

¿Adiós vejez? Descubren un método seguro para rejuvenecer nuestro ADN

Los telómeros, el extremo del ADN, son los responsables del envejecimiento: según se acortan, nosotros nos hacemos mayores. Ahora podemos alargarlos

En los años treinta los científicos Hermann Joseph Muller y Barbara McClintock descubrieron los telómeros, unos pequeños “tapones” que se encuentran en los extremos de los cromosomas para garantizar su estabilidad estructural. El hallazgo les valió un premio Nobel, pero nunca podrían haber imaginado la importancia real de estas pequeñísimas regiones del ADN.

Hoy sabemos que los telómeros son los principales responsables del envejecimiento, pues actúan como relojes internos del organismo: según se acortan, nosotros nos hacemos mayores. En los jóvenes, la longitud de los telómeros es de entre 8.000 y 10.000 nucleótidos (las moléculas que conforman el ADN y el ARN), y se van acortando cada vez que se producen nuevas divisiones celulares. Llegado a un punto el telómero es demasiado estrecho y la célula deja de dividirse o muere.

De un tiempo a esta parte, numerosos grupos de investigación han tratado de revertir este proceso pues, si los telómeros no se acortaran, o lográramos alargarlos, nuestro envejecimiento biológico se detendría.

En los últimos cincuenta años el estudio de los telómeros ha producido hasta cinco premios Nobel, además de 16.000 artículos científicos. Pese a esto, aunque en diversas ocasiones se ha logrado alargar los telómeros o retrasar el acortamiento de estos, no se había desarrollado una técnica lo suficientemente segura como para ser probada en humanos.

Un equipo de la Universidad de Stanford ha descrito esta semana en la revista FASEB Journal una técnica que, aseguran, es mucho más eficaz y segura que las anteriores, lo que supondría un importante paso en el desarrollo de una terapia válida.

“Hemos encontrado una manera de alargar los telómeros humanos en al menos 1.000 nucleótidos, retrasando el reloj interno de estas células en lo equivalente a muchos años de vida”, explica la doctora Helen Blau, profesora de microbiología e inmunología de la Universidad de Stanford y autora principal del estudio. En concreto, tal como especifica la nota de presentación del estudio, los científicos han logrado alargar los telómeros en 1.000 nucleótidos en sólo un par de días, lo que supone un rejuvenecimiento de más de una década.

Un cromosoma (a la izquierda) y sus telómeros (derecha). (Samulili)
Un cromosoma (a la izquierda) y sus telómeros (derecha). (Samulili)

Una técnica más rápida y más segura

Los investigadores han utilizado un ácido ribonucleico (RNA) modificado para transmitir instrucciones de los genes del ADN a las células encargadas de fabricar proteínas. El RNA utilizado en el experimento contenía una secuencia codificada de la telomerasa transcriptasa inversa (TER), el componente activo que genera de forma natural la enzima telomerasa, presente sólo en tejidos fetales y ciertas células madre. Esta enzima se asegura de que los telómeros de estas células permanezcan en plena forma en la siguiente generación, pero desaparece tras el nacimiento, lo que provoca que, a partir de entonces, los telómeros se acorten y empecemos a envejecer.

Al reaparecer el TER, los telómeros vuelven a crecer, pero esto puede suponer un problema si no se controla el proceso. Si las células tratadas empiezan a dividirse hasta el infinito pueden volverse muy peligrosas, pues en el proceso es bastante probable que se desarrolle un cáncer.

Helen Blau. (Penney Gilbert)
Helen Blau. (Penney Gilbert)

Esta posibilidad ha sido el gran escollo de este tipo de terapias, pero la nueva técnica desarrollada por Blau y sus colegas parece solventarlo, pues gracias a ella el alargamiento de los telómeros es sólo temporal. El RNA modificado está diseñado para reducir la respuesta inmune de las células hacia el tratamiento con el TER, pero pasadas 48 horas esta vuelve a activarse, el TER desaparece y los telómeros vuelven a acortarse como antes (pero partiendo de una longitud de 1.000 nucleótidos mayor).

Los investigadores han comprobado que bastan tres aplicaciones del RNA modificado, en un periodo de sólo unos pocos días, para incrementar la longitud de los telómeros en cultivos de células humanas de músculo y piel. Y esto es importante, pues un tratamiento con este método podría ser breve e infrecuente, lo que reduce el peligro de que, en el proceso, se produzcan efectos secundarios no deseados.

“Esta nueva técnica allana el camino hacia el tratamiento y la prevención de enfermedades relacionadas con el envejecimiento”, asegura Blau. “Existen además enfermedades genéticas asociadas con un acortamiento anormal de los telómeros que podrían beneficiarse de un tratamiento de este tipo”. Es el caso de la distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad bien conocida por el equipo de Blau, que descubrió que los niños que padecen esta patología tienen unos telómeros mucho más cortos que los niños que no la sufren.

La investigación, además, podría ser útil para acelerar ciertos procesos en los laboratorios. Como la técnica permite que las células se dividan un 40% más rápido se podría utilizar para generar un mayor número de éstas de cara a la investigación científica.