08 Abr

NUTRICIÓN SIMBIÓTICA: RECUPERAR Y MANTENER LA SALUD A TRAVÉS DE LOS ALIMENTOS FERMENTADOS

Nos alimentamos de luz, aire, agua, energía, información… y también de comida. Comemos para nutrirnos. Somos lo que comemos, y somos lo que nuestra microbiota intestinal asimila de la comida que comemos. La comida es el principal factor que influye en la salud de nuestro cuerpo. Y la asimilación de esa comida la realiza nuestra microbiota intestinal, que suele estar en desequilibrio por la constante agresión ambiental y los alimentos tóxicos que ingerimos. La Nutrición Simbiótica viene a recordarnos esto y a buscar reequilibrar nuestra microbiota intestinal a través de la alimentación, para que de manera natural podamos recuperar el equilibrio y la salud.

Tenemos un cuerpo visible, pero también somos el conjunto de colectivos microbianos invisibles que nos pueblan, nos diseñan, nos complementan y nos ayudan a evolucionar para adaptarnos a los continuos cambios que el medio nos demanda. No hay separación entre lo humano y lo microbiano, entre el macrocosmos y el microcosmos. Somos una unidad. Las bacterias pueblan nuestras células y órganos complementando las funciones metabólicas para mantener el equilibrio en nuestro cuerpo. Los virus actúan reprogramando el ADN de las células y las bacterias para adaptarnos constantemente a los cambios del medio.

LOS ANTIBIÓTICOS (ANTIVIDA) Y LOS PRODUCTOS DE LIMPIEZA TÓXICOS Y BACTERICIDAS QUE USAMOS PARA MANTENERNOS LIMPIOS SON ARSENALES BÉLICOS

La Microbiótica es una nueva corriente científica que estudia la evolución de la vida visible en su relación con el microcosmos invisible. Su aplicación a la salud se realiza a través de la Nutrición Simbiótica, que también es un nuevo sistema alimentario, en el cual se busca el equilibrio de la dieta con el doble enfoque de nutrir al metabolismo celular humano y a la microbiota que nos habita. No existe el término Microbiótica en el diccionario de la Real Academia, ni en otros referentes lingüísticos de la lengua castellana. A veces se translitera al castellano del inglés (microbiotic) y “microbiótica” se usa como un sinónimo de microbiota o conjunto de microorganismos que habitan en un ser vivo. Nosotros reivindicamos este término para ampliar su concepto y que abarque tanto el estudio de la microbiota de un ecosistema determinado, así como la corrección de los desequilibrios en dicho ecosistema a través de la implementación de microorganismos regeneradores. Es una visión global e interdisciplinaria que interconecta con amor y gratitud el microcosmos con el macrocosmos de la vida sobre la Tierra.

SOMOS MÁS BACTERIAS Y VIRUS QUE CÉLULAS HUMANAS

Hemos de tomar conciencia de que somos más bacterias que humanos. Es más, somos bacterias incluso en nuestras propias células y neuronas. Nuestras emociones y pensamientos provienen de un “campo” de conciencia global que se focaliza en los intestinos (emociones) o en el cerebro (pensamientos). Así lo corroboran las investigaciones que demuestran como las mitocondrias celulares (que generan la energía de la célula) o las dentritas neuronales provienen de bacterias ancestrales procariotas que en algún momento de la evolución decidieron integrarse en un organismo más complejo como es la célula.

No somos los reyes de la creación. Más bien podemos vernos como una especie de reciente aparición, que cumple la función de ser soporte de la vida microbiana, que nos acompaña en mutua interdependencia: en simbiosis. Sin embargo, olvidamos este hecho fundamental, que nos daría otra perspectiva de nuestro sentido en la vida. La ciencia se ha encargado de que el mundo microbiano sea totalmente ignorado. Peor aún, hay tal grado de bacterofobia en el ámbito científico, médico y social, que hemos creado un mundo antibacteriano en el que los antibióticos (antivida) y los productos de limpieza tóxicos y bactericidas que usamos para mantenernos limpios son arsenales bélicos de los que nos sentimos orgullosos.

Recientemente se están empezando a poner de moda los probióticos (provida); pero en gran medida es un impulso mediático malinterpretado por la industria alimentaria. En muchos casos se ha demostrado que estas supuestas cualidades probióticas de algunos alimentos obedecían a una publicidad engañosa para vender más un yogurt o una bebida. Y es que un alimento que parte de la base de estar pasteurizado o irradiado, nunca puede contener los probióticos que nos beneficien. Pero poco a poco el río suena y el agua llega. Así esperamos que la sociedad y los ciudadanos se vayan concienciando de la importancia de las bacterias regeneradoras y cambien su visión paranoica hacia otra más integradora y amorosa.

LA NUTRICIÓN SIMBIÓTICA ESTUDIA LA INTERACCIÓN DE LA MICROBIOTA INTESTINAL, LA DIETA Y SU RELACIÓN CON EL CEREBRO Y LAS EMOCIONES

Hemos de tomar conciencia de que existen diez microbios por cada célula de nuestro cuerpo y el 98% de todos ellos están en el intestino. Si el ADN de nuestras células (el genoma) está formado por 23.000 genes, el ADN de todos nuestros microbios (el microbioma) está formado por más de 2.500.000 genes. La microbiota intestinal es el último órgano descubierto por la medicina y el único que no es humano. Está compuesto por más de 100 billones de hongos, levaduras, bacterias e infinidad de pequeños seres con vida libre, que en total suman miles de especies muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia. Este conjunto de microorganismos se comporta como un solo ser a la hora de interactuar con nuestro organismo y cumple múltiples funciones:

➝ Generar la base del sistema inmunológico.

➝ Asimilar los nutrientes de los alimentos que ingerimos.

➝ Eliminar las sustancias tóxicas y residuos químicos que llegan a nuestro intestino.

➝ Controlar a los microbios patógenos cuando proliferan en exceso.

➝ Fabricar gran parte de los neurotransmisores que luego viajarán al cerebro y a todo el cuerpo a través de la sangre.

El Dr. Michael Gershon, al definir el intestino, fue el primero en hablar del “Segundo Cerebro”. En la dinámica intestinal se genera más del 95% de la serotonina, el 50% de la dopamina y al menos otros 30 neurotransmisores más. La Nutrición Simbiótica estudia la interacción de la microbiota intestinal, la dieta y su relación con el cerebro y las emociones. Gran parte de las enfermedades psíquicas como depresión, ansiedad, autismo o Trastorno del Déficit de Atención (TDAH) provienen todas de una única causa en común: una inflamación intestinal crónica debido a la mala alimentación y el desequilibrio de la microbiota intestinal.

Especialmente pionera y reconocida en este área ha sido la Dra. Natasha Campbell–Mc- Bride y su método GAPspara tratar en concreto a niños autistas, así como al resto de las patologías descritas. Debido a la contaminación ambiental y de los alimentos, así como a la dieta basura que cada vez es más común en nuestra sociedad, la mayoría de las personas sufren de una inflamación intestinal generalizada de la cual provienen una gran parte de las enfermedades que nos asolan: obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, degenerativas y autoinmunes.

En todos los casos hay un denominador común: el deterioro de la microbiota intestinal regeneradora y la proliferación de microbios patógenos en nuestro intestino. No olvidemos que la microbiota intestinal se comporta como un solo órgano y el lenguaje emocional que nosotros asociamos a nuestra conciencia sensorial humana también es compartido y generado por dicha microbiota. Por eso, el estrés y los disgustos causan graves trastornos a los microorganismos regeneradores de nuestro intestino.

El estrés y los disgustos causan graves trastornos a los microorganismos regeneradores de nuestro intestino 

LA NUTRICIÓN SIMBIÓTICA ABARCA NUESTRA RELACIÓN CON LA COMIDA Y EL MEDIO AMBIENTE

De entre todos los vectores que existen para mantener la salud (luz, aire, agua, emociones, pensamientos, ejercicio físico, descanso, sueño, actividad laboral, creencias, herencia genética, factores ambientales…) la comida es el elemento más importante que nos influye positiva o negativamente. En solo dos meses cambiamos todo el plasma sanguíneo. Y la alimentación es la fuerza externa más poderosa que existe para modificar la cualidad de nuestra sangre. Debido al deterioro ambiental, los contaminantes químicos y la pérdida de nutrientes en los alimentos por su cultivo y procesamiento industrial, todos los seres humanos estamos sufriendo un estrés oxidativo alarmante. Todos tenemos un déficit crónico de micronutrientes antioxidantes (vitaminas, enzimas, minerales…). También sufrimos una reducción de microfauna y flora bacteriana intestinal, debida a los factores contaminantes externos e internos que nos rodean e ingerimos.

La simbiosis es la colaboración entre dos o más seres para sobrevivir. Es la principal fuerza de la evolución en la vida, por encima de la competencia o la lucha por la supervivencia. La Nutrición Simbiótica contempla el alimento desde la doble perspectiva de nutrir el cuerpo humano y el cuerpo microbiano que a la vez somos y tenemos. Es prioritario aumentar la vitalidad de nuestras células y de nuestro estado de ánimo, aumentando los micronutrientes de nuestra dieta y regenerando nuestra microbiota intestinal. Para ello, el aporte que nos brindan las tecnologías de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo. Los alimentos simbióticos tienen la doble habilidad de ser una gran fuente de antioxidantes en sí mismos y de favorecer la capacidad del cuerpo y sus microorganismos de producir escalarmente reacciones bioquímicas que generan continuas emanaciones de sustancias antioxidantes.

LOS ALIMENTOS SIMBIÓTICOS SON EL FUTURO

Cuando hablamos de Nutrición Simbiótica nos referimos al adecuado equilibrio en nuestra dieta entre alimentos prebióticos (fibras que no nos aportan nutrientes pero que refuerzan la microbiota intestinal) y los alimentos probióticos (alimentos fermentados que llevan microorganismos similares a los que habitan en nuestro intestino). Esta integración de alimentos fermentados (probióticos) con las fibras de algunas frutas, verduras y cereales (prebióticos) nos permite restaurar el equilibrio de nuestra microbiota intestinal y finalmente de nuestra salud.

La Nutrición Simbiótica es una nueva disciplina dietética que se torna imprescindible para solucionar los problemas de salud derivados de la alimentación moderna. El aporte que nos brindan los alimentos prebióticos y probióticos de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo. En los países donde existe la costumbre de tomar alimentos fermentados, casi no existen las enfermedades endémicas (cáncer, autoinmunes, diabetes, obesidad…) que caracterizan a nuestra sociedad occidental.

 Apenas hay tradición en nuestra sociedad de tomar alimentos (comidas y bebidas) fermentados de manera consciente, por eso últimamente proliferan los probióticos de farmacia y herbolario en cápsulas que ingerimos como si fueran un medicamento más. Pero esa manera de enriquecer nuestra microbiota regenerativa no es la más adecuada; puesto que dichas bacterias probióticas suelen ser cultivadas de manera artificial en laboratorio, liofilizadas y encapsuladas, de tal forma que cuando llegan a nuestro intestino se despliegan de una manera extraña, sin generar la mejor de las sinergias. En unas aceitunas aderezadas naturalmente o en una cucharada de chukrut, kimchi o en un vaso de kombucha hay muchos más microorganismos vivos y en resonancia vital con nuestra microbiota interior, que en las cápsulas probióticas que se comercializan en el mercado. Además, estos alimentos fermentados son mucho más baratos e incluso los podemos fabricar nosotros mismos.

Dentro de la Nutrición Simbiótica se le concede una gran importancia a los alimentos fermentados. Las tecnologías de la fermentación de los alimentos han acompañado a la humanidad probablemente desde hace miles de años. En su momento y poco a poco, en todos los rincones del mundo, la humanidad fue encontrando adaptaciones para mejorar el valor nutricional de algunos alimentos y alargar a la vez su conservación; utilizando microorganismos regeneradores que detenían el proceso de putrefacción y transformaban los alimentos originales en otros mucho más sabrosos y valiosos nutricionalmente. Así aparecieron la cerveza, el miso, los quesos, el café, el chocolate, el yogurt, el kéfir, la kombucha, el chucrut, el kimchi, el tempeh, etc.

Si queremos recuperar la autonomía de nuestra salud, hemos de asumir la responsabilidad de discernir y elegir los hábitos que nos benefician y desterrar aquellos que nos perjudican, pensando no solo en nuestro cuerpo humano sino también en la dimensión microbiana que somos. A través de la alimentación nos enfermamos y nos sanamos. Somos lo que comemos, pero también somos lo que asimilamos y lo que evacuamos. Una gran parte de nuestro equilibrio se lo debemos a los microorganismos que nos habitan, especialmente en el intestino. Y para ayudarnos a limpiar el tubo digestivo de tanta basura acumulada y regenerar la microbiota que lo coloniza hemos de incorporar nuevos hábitos alimenticios. En la Nutrición Simbiótica se preconiza una dieta donde habitualmente tomamos unos pocos alimentos fermentados sólidos y líquidos, que podemos preparar nosotros mismos. Los resultados llegarán poco a poco a sorprendernos.

La Nutrición Simbiótica está rescatando tecnologías tradicionales de la fermentación alimentaria para potenciarlas con nuevas adaptaciones más eficaces e intensas en sus efectos nutricionales: nuevos superalimentos, elixires revitalizantes, fitoterapia fermentativa y un largo etcétera, tal como podemos comprobar en nuestro laboratorio o en los talleres que impartimos.

Auguramos un despertar de las tecnologías de la fermentación, para ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y dotarnos de instrumentos para aumentar la autonomía de nuestra salud a través de la alimentación. Por un lado, los alimentos fermentados se están poniendo de moda, empezando por la alta gastronomía y siguiendo por la industria de la alimentación sana y las tendencias “bio” que nos llegan de Estados Unidos y los países del norte europeo. Por otro lado, igualmente los probióticos están recibiendo cada vez más atención de las multinacionales farmacéuticas y los laboratorios de complementos nutricionales. Y se prevé un gran boom de toda esta tendencia, al encontrarse los antibióticos en crisis por la resistencia cada vez mayor que las bacterias y gérmenes tienen frente a ellos.

Parece que nuestro pronóstico en el año 2014 en la introducción del libro Microbiótica se va cumpliendo: la fuerza de la Nutrición Simbiótica llegará a tocar la alta gastronomía al igual que la medicina o las técnicas de la construcción de hábitat sostenibles. Una revolución nos espera, nos está llegando, para sanar la Tierra y el ser humano.

Te animamos a que pases a la acción: conviértete en un productor- consumidor de alimentos fermentados. Recupera el gran poder olvidado de generar tu propia comida con tus manos. Fermenta tu vida y cocina tu salud, para que la alegría de estar vivo impregne tu día a día. Seamos levaduras y bacterias que esporulan en nuestra sociedad, regenerando nuestro entorno y nuestro interior. Todo un mundo nuevo y desconocido a nuestro alcance.

Fuente: vivosano.org