25 Sep

Beneficios del ayuno para el cerebro

Cuando hablamos de ayuno intermitente o semiayuno, los beneficios físicos como la pérdida de grasa corporal, la sensación de ligereza o la piel más hidratada parecen bastante evidentes y es fácil identificar cuándo una dieta está funcionando. Sin embargo, existen otro tipo de efectos muy potentes del ayuno en nuestro cuerpo, concretamente, en el cerebro, que merece la pena tener en cuenta.

Así como nuestra alimentación afecta a nuestras emociones, los períodos de ayuno han demostrado tener características protectoras y terapéuticas para nuestro cerebro. Porque para el cerebro, ayunar es como hacer ejercicio y eso explica que cuando hacemos dietas de ayuno notemos una mayor claridad mental y mejor concentración.

El doctor Mark Mattson, que se ha dedicado a fondo a investigar el área de mecanismos celulares y moleculares relacionados con y desórdenes neurodegenerativos como el Parkinson y Alzheimer, quiso comprobar los efectos del ayuno en el cerebro y terminó señalando que ayunar representa un desafío para el cerebro, lo cual produce un estrés que el cerebro resuelve adaptando sus respuestas y esto le entrena y le ayuda a lidiar mejor con el riesgo de padecer enfermedades y problemas de salud. Justo lo mismo que sucede con nuestros músculos cuando practicamos ejercicio. Dicho de manera sencilla: el ayuno es un entrenamiento fitness para el cerebro.

Estos son algunos de los beneficios del ayuno intermitente para el cerebro que señala Mattson:

El ayuno incrementa la autofagia neuronal

Dicho así, da hasta miedo, pero lo que significa es, básicamente, que las células se auto reciclan, se deshacen de los deshechos y se reparan a sí mismas. Este proceso es fundamental para el buen funcionamiento de nuestro cerebro y así lo han demostrado varios estudios científicos. Por lo visto, si no se produce la autofagia neuronal, el cerebro se puede ir degenerando progresivamente y también se pueden producir desajustes en el metabolismo.

Nuestros hábitos de vida y de alimentación tienden a provocar estrés oxidativo en nuestro cerebro. La alimentación suele ser una gran responsable de la fatiga mental y por eso al reducir los niveles de insulina o glucosa es lógico que el cerebro se despeje y funcione mucho mejor.

El ayuno mejora los niveles de Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF).

El BDNF es una proteína que interactúa con las neuronas en el hipocampo, córtex y prosencéfalo (las partes del cerebro que regulan la memoria, el aprendizaje, y la función cognitiva, características únicas en los humanos).

Cuando los niveles de BDFN son bajos, el cerebro es más propenso a la aparición de Alzheimer y depresión, mientras que cuando es al revés, los niveles aumentan, lo cual previene la muerte neuronal, el deterioro cognitivo y la pérdida de memoria, según demuestran varios estudios con animales. Es por ello que al ayunar podemos observar un mejor rendimiento de nuestro cerebro.

El ayuno se convierte en una fuente de energía

A lo largo del día consumimos energía para realizar todas las actividades tanto físicas como mentales. Para ello, el cerebro suele recurrir a la glucosa como combustible. Con el ayuno, se ve obligado a producir energía utilizando las cetonas que fabrica el hígado, por lo que él mismo acaba siendo productor de energía independiente.

El ayuno rejuvenece el cerebro

Después de los 20 años, nuestra capacidad para producir la hormona GDF11, responsable de controlar la inflamación y el envejecimiento celular, disminuye. A partir de entonces, la única manera de reactivarla y segregarla de manera natural es mediante la interacción social, el deporte y la restricción calórica.

El ayuno estimula la secreción de hormonas con efecto rejuvenecedor, así que no es de extrañar que las personas que lo practican de manera regular acaben teniendo no solo una piel más joven, sino que también mantengan la agilidad mental de años atrás.

10 Ago

El ayuno y sus beneficios para la salud

Cada vez hay más estudios científicos que prueban cómo un ayuno controlado mejora o cura enfermedades. En Alemania o Suiza, los médicos lo prescriben

Mucha gente desconoce que ayunar, siempre de una forma controlada o bajo supervisión médica, puede ser beneficioso para la salud. Cada vez hay más estudios y experiencias clínicas que corroboran los aspectos positivos que tiene no tomar alimentos sólidos con fines terapéuticos, y más aún si ese ayuno va acompañado de ejercicio físico. Es un procedimiento poco conocido aún, aunque hay países como Alemania, Francia, Suiza o Austria, en los que los médicos llegan a prescribir el ayuno como método de curación en lugar de los medicamentos. En España son pocos los profesionales que lo utilizan como terapia, más allá de casos concretos como las clínicas Büchinger de ayuno terapéutico y medicina integrativa.

El ayuno consiste en ingerir una cantidad máxima de entre 280 y 300 calorías diarias, tomando únicamente líquidos como agua, zumos, infusiones o caldos de verduras. En esa situación, el cuerpo humano empieza a consumir sus reservas y a vivir de ellas. El médico Pablo Saz Peiró asegura que es importante observar a cada persona concreta y su situación específica. “Mientras la gente tiene reservas, su estado de salud, su inmunidad y su fuerza se mantienen en buen equilibrio. Pero cuando se acaban esas reservas y seguimos con el ayuno, el desequilibrio en el cuerpo es total. Ahí pasamos a perder inmunidad, a estar enfermos como consecuencia del hambre, y podría haber alteraciones en algunos órganos del cuerpo, como el hígado o los riñones”.

Por esa razón, el tiempo que hay que mantener un ayuno depende principalmente de las reservas. Los periodos varían entre los ayunos cortos de uno a tres días, en los que apenas se queman calorías de reserva, hasta ayunos muy largos, llevados a cabo por personas con graves problemas de obesidad, que han llegado a durar más de 300 días.

Bueno para casi todo

En un análisis realizado por el doctor Pablo Saz Peiró y por Shila Saz Tejero para la Universidad de Zaragoza sobre las indicaciones terapéuticas del ayuno, se recuerda que el ayuno voluntario con la restricción de la ingesta de alimentos sólidos se practica en todo el mundo por motivos tradicionales, culturales o religiosos. Ahí están, por ejemplo, el ayuno católico en Cuaresma o el que se realiza durante el mes del Ramadán en el mundo musulmán. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha hecho más popular como método de prevención o como estilo de vida saludable. Pablo Saz dice que “la reacción del cuerpo mientras está viviendo de las reservas y siempre que se disponga de ellas, es una reacción de reequilibrio, que reajusta muchos sistemas”.

Se ha constatado su eficacia en el tratamiento de enfermedades reumáticas, dolor crónico, hipertensión, enfermedades inflamatorias y degenerativas crónicas, o incluso como complemento para paliar los efectos de la quimioterapia en los procesos contra el cáncer. Sin embargo, es importante recalcar que para que el ayuno sea efectivo, debe ser voluntario. “El paciente debe entenderlo y debe aceptarlo”, asegura el doctor Saz. “El ayuno no se puede imponer como medicación a ningún paciente, sino que el paciente debe comprender el mecanismo, asimilarlo y tener voluntad y capacidad de aplicarlo. Es como el ejercicio físico, que yo, como médico, lo puedo recomendar, pero luego es el paciente el que debe hacerlo”. Por lo tanto, la voluntariedad es el primer requisito imprescindible para llevar a cabo un ayuno terapéutico.

Las contraindicaciones del ayuno

Lanzarse al ayuno de buenas a primeras tiene sus riesgos siempre que no se disponga de toda la información necesaria para iniciar el proceso, y siempre que no se tenga conciencia de lo que significa y lo que supone una medida, en cierto modo, drástica al principio. “La principal contraindicación para empezar un ayuno es que no haya reservas en el cuerpo”, advierte Pablo Saz. “Hace años también se consideraban contraindicaciones las insuficiencias hepáticas, renales o cardiacas. Hoy en día, algunos de estos criterios se están modificando y han pasado de estar contraindicado a ponerse entre interrogantes tras comprobarse que ha habido casos en los que ha sido positivo también para algunas de esas insuficiencias. Un ejemplo: hay estudios que señalan que el ayuno tiene un efecto digitálico en el corazón, es decir, que da potencia al corazón”.

El paciente que inicie un ayuno debe controlar sus propios límites. Si en algún momento surge algún malestar, debe detenerse, ingerir algún alimento sólido como una fruta y volver a intentarlo más tarde. “Tiene que saber dónde parar y también conocer sus pequeñas reacciones. Debe entender el proceso, y su cabeza debe funcionar muy bien en ese sentido. La persona que ayuna tiene que tomar sensibilidad, entender el mecanismo del ayuno y las reacciones que va a experimentar su propio cuerpo» para no asustarse, apunta Saz-Peiró.

Por ejemplo, cuando se empieza a vivir de las reservas del cuerpo, este expulsa acetona, por lo que aparecerá ese olor característico. Se pueden llegar a sentir náuseas, dolor de cabeza o irritabilidad, síntomas pasajeros que desaparecen al poco tiempo. Hay quienes, al experimentar estas u otras consecuencias del ayuno, se preocupan y lo dejan.

Los beneficios de un ayuno terapéutico bien llevado y controlado no se limitan exclusivamente al ámbito de la salud. Se trata de un procedimiento simple y barato, que podría ahorrar mucho dinero público en camas de hospital y en tratamientos médicos más o menos costosos. El doctor Pablo Saz asegura que “se gasta mucho dinero en algunas de las enfermedades que se resolverían con el ayuno de manera económica. Michalsen, uno de los mayores investigadores del ayuno, dice que si las enfermedades que él resuelve con el ayuno las curase un solo medicamento, sería multimillonario. Porque tendría una publicidad asombrosa y unas ganancias enormes. El problema es que el ayuno no es una patente de la industria farmacéutica”.

17 Jun

El ayuno puede ser un elemento clave en la longevidad y la salud

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Luigi Fontana es reconocido por sus investigaciones en nutrición, envejecimiento y longevidad. Propone la optimización de la dieta como vía para suavizar el paso de los años y las enfermedades asociadas. Sus hallazgos abren la puerta a futuras opciones dietéticas y farmacológicas que aprovechen los beneficios de la restricción dietética para la salud. Actualmente, este profesor de la Universidad de Washington (EE.UU.) ha iniciado un estudio con el que pretende comparar los efectos de la dieta mediterránea con los de la alimentación habitual, que ha avanzado durante su intervención en los «Distinguished Seminars» que organiza el CNIO.

–¿Se puede comer menos y vivir más?

–En 1935 se publicó el primer estudio en animales que demostraba que una restricción de un 30-40% en las calorías aumentaba la vida sin malnutrición. Desde entonces se han hecho cientos de estudios que han confirmado que la restricción de proteínas se asocia con una una vida más larga y sana, libre de cáncer, obesidad, diabetes o enfermedad cardiovascular. Ahora estamos tratando de comprender los mecanismos que hacen que esto ocurra en animales, para ver si pasa lo mismo en humanos.

–¿Qué beneficios reales tienen estas dietas?

–Las personas que siguen una dieta con una restricción del calorías y proteínas del 20%, tienen menos sobrepeso y obesidad, un perfil cardiovascular «fantástico», niveles de azúcar y de tensión arterial muy buenos, menos inflamación, perfiles ideales de lípidos y colesterol. No van a desarrollar enfermedad cardiovascular, la primera causa de muerte en el mundo occidental. En animales la restricción calórica les protege del cáncer. Está por ver si ocurre lo mismo en humanos. En animales, el ayuno intermitente reduce el riesgo de cáncer y prolonga la longevidad. Estamos realizando estudios en personas que ayunan dos veces a la semana, y no días consecutivos. No es un ayuno completo, pueden comer verduras, y los resultados son muy positivos.

–¿Hay que reconsiderar la dieta mediterránea?

–Ese debería ser un objetivo. Desgraciadamente en mi país [Italia] y en España, la dieta mediterránea clásica ha desaparecido. Y lo curioso es que lo que estamos viendo en nuestros estudios es justo esto: la dieta mediterránea clásica prolonga la vida y reduce el riesgo de muchas enfermedades.

–¿Cuántas calorías se recomiendan al día?

–Depende de factores como la edad, sexo, tipo de trabajo, entre otros. Por ejemplo, 800 calorías al día para un joven de 18 años es malnutrición, pero para una persona con 60 años puede que sean demasiadas. No hay «cifras mágicas». Se trata de reducir la ingesta sin que genere malnutrición. Una alimentación saludable y variada favorece una flora intestinal mucho más rica.

–¿Por qué es importante rediseñar nuestra forma de comer?

–Porque muchas personas pueden morir o desarrollar una enfermedad crónica prevenible. De lo contrario nos abocamos a una situación insostenible. Por ejemplo, en Italia el 21% de la población tiene más de 65 años y la cifra será del 34% en los próximos 15. Es decir, un tercio de los italianos será mayor de 65 años [la situación en España es similar], y el 99% tendrá una enfermedad crónica y el 70% más de una. Es una situación insostenible para cualquier sistema nacional de salud.

–¿Qué podemos hacer?

–Hay dos opciones: empezar a pensar en medicina preventiva y no solo ir al médico cuando estemos enfermos, o somos ricos y podemos pagar cualquier tratamiento. Ningún sistema de salud podrá hacer frente a una situación como ésta.

–¿Qué responsabilidad tenemos como individuos?

–Es un problema complejo. No se trata de que nos digan que hay que comer sano y hacer más ejercicio. La mayoría de la población lo sabe… Hacen falta intervenciones que enseñen y eduquen a la población sobre los hábitos saludables. Y los medios de comunicación deben ser cómplices y transmitir un ‘mensaje único’ y no hablar cada día de uan ‘dieta milagro’ para perder kilos.

–¿Por qué no se hace?

-Podemos empezar educando a todas las personas que acuden a un hospital sobre cómo comer bien y la importancia del ejercicio. Vivimos en una sociedad de ‘imitación’. Podemos usar la psicología para cambiar las costumbres. Por ejemplo, en EE.UU. todo el mundo es gordo porque todo el mundo lo es, es algo normal, pero en Dinamarca se desplazan en bicicleta porque es lo ‘habitual’. Cambiar las costumbres toma unos años, pero hay muchas alternativas para hacerlo, y debemos ponernos a ello cuanto antes, sobre todo los políticos. Pero tengo la sensación que los gobiernos no quieren escuchar a los científicos.

Fuente: ABC